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Oda a la mediocridad política
Noticia publicada a
las 03:11 am 17/10/26
Por: Alejandro Mondragón.
El mayor pecado del político es la vanidad y el peor, sin duda, la envidia.
La mezcla de ambas produce ceguera y pérdida de razón.
Ni mi siquiatra se atrevió a tanto, pero queda claro que digno de un análisis será la reacción de funcionarios y aspirantes a cargos públicos por Morena y aliados ante la inversión de 4 mil millones de pesos que realizará, de su bolsillo,
el empresario Carlos Slim, en la zona comercial del Paseo del Río de San Francisco.
Hasta antes de conocerse detalles del proyecto, a las secretarias del Bienestar, Laura Artemisa; de Turismo, Carla López Malo; al titular de Cultura, Fritz Glockner; y al cantante de la vivienda, Rafael Moreno Valle Buitrón, entre otros, les valía madre lo que pasaba en la zona.
Ninguna declaración de estos personajes sobre temas de rescate turístico, cultura, de vivienda o faena comunitaria de apoyo a los pobres “humillados por el proyecto” se les escuchó.
El dueño de la zona de San Francisco hasta 1992 fue el gobierno del estado, pero una vez que se construyó la zona comercial y turística se creó un fideicomiso para separar lo público de lo privado.
El gobierno se quedó con el Centro de Convenciones y su área de estacionamiento, pero todo lo que lo rodeó quedó primero en manos de la constructora OHL, y después Banca Mifel manejó los derechos por la vía de una empresa de Jacobo Martínez.
Toda la zona era tierra de nadie, el perfil comercial y turístico se pervirtió sin aportar nada al entorno. Se despobló toda el área.
Hasta que Slim, asesor de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de inversiones en el llamado Pacto por México, vio una oportunidad de negocio. Le compró al otro particular su negocio y otros más.
Un tema entre dos que acabó por politizarse, pero a lo bestia.
La intervención de morenistas contra el proyecto fue una oda a la mediocridad.
Si en su cabeza o por órdenes políticas confunden inversión con saqueo, entonces eso explica por qué el sexenio no acaba de arrancar.
El proyecto de Slim sólo puso a cada quién en su lugar, y exhibió su tamaño real.