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Mapaches electorales al borde de un ataque de nervios
Noticia publicada a
las 02:32 am 09/10/26
Por: Arturo Luna Silva.
La reciente resolución de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sobre las llamadas “boletas planchadas” no es menor.
Y es que coloca un nuevo candado jurídico a una de las formas más elementales de intentar alterar artificialmente una votación.
El tribunal determinó por unanimidad que las boletas que aparezcan sin las marcas de doblez necesarias para haber sido introducidas legalmente en la urna no deben incorporarse al cómputo.
La razón es sencilla: la boleta mide considerablemente más que la ranura de la urna, por lo que su ingreso exige doblarla y, normalmente, deja huellas físicas.
Aquí está la importancia política y electoral del asunto.
Una “boleta planchada” no demuestra por sí misma quién la colocó, por qué apareció ahí ni quién pretendió beneficiarse con ella; pero sí constituye un indicio objetivo que obliga a cuestionar la autenticidad de ese sufragio.
En Puebla, antes y ahora, los resultados de muchos comicios han dejado múltiples dudas precisamente por esta práctica tan común de las bellas artes del fraude electoral.
El propio INE reconoció que durante la mismísima elección judicial de 2025 -la de los tristemente célebres acordeones- se encontraron este tipo de papeletas y que fueron anuladas centenares de casillas por distintas irregularidades. En la discusión previa a los lineamientos de 2026 también se documentaron antecedentes en otros procesos, incluidos casos registrados en 2024.
Lo verdaderamente relevante rumbo a los comicios de 2027 y posteriores es que se está cerrando una puerta que, de quedar abierta, podría convertirse en un mecanismo para introducir votos que no siguieron la cadena ordinaria del sufragio.
El fraude electoral moderno suele ser cibernético y por tanto no necesariamente necesita grandes operaciones visibles; puede intentar construirse mediante pequeñas alteraciones acumuladas en numerosas casillas: boletas introducidas irregularmente, votos atípicos, inconsistencias entre actas y papeletas, participación imposible, manipulación del PREP y los conteos finales o patrones que requieran una explicación.
Precisamente por eso, la trazabilidad física de cada boleta adquiere importancia: no basta con que aparezca dentro de una urna; debe existir certeza razonable de que llegó ahí mediante el procedimiento electoral correspondiente.
Ahora sí los “mapaches electorales” —de todos los partidos, pero en especial de Morena y sus aliados- están ante un verdadero desafío.
¡Qué nervios!