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Fascismo: de la ideología a la etiqueta
Noticia publicada a
las 03:56 am 04/10/26
Por: Ignacio Anaya.
Lo cierto es que la palabra fascismo está de moda y no únicamente porque varios países están reconfigurando su política a partir de la victoria de partidos políticos.
“Todo el mundo está seguro de saber qué es el fascismo. Siendo la más conscientemente visual de todas las formas políticas, el fascismo se nos presenta en vívidas imágenes primarias: un demagogo chovinista arengando a una multitud extasiada;
filas disciplinadas de jóvenes marchando; militantes con camisas de colores golpeando a miembros de alguna minoría demonizada; invasiones sorpresa al amanecer y soldados en forma desfilando por una ciudad capturada”. La cita pertenece al libro Anatomía del fascismo (2004) del historiador Robert Paxton. En estos tiempos, en los que tal palabra suele emplearse con tanta ligereza, recomiendo su lectura.
Lo cierto es que la palabra fascismo está de moda y no únicamente porque varios países están reconfigurando su política a partir de la victoria de partidos políticos de ultraderecha, sino porque esas reconfiguraciones se interpretan como el regreso del fascismo. Así, este término ha cobrado relevancia en los últimos años, sobre todo en redes sociales. Un ejemplo reciente de este uso apareció en la presentación en YouTube del expresidente Andrés Manuel López Obrador sobre su nuevo libro “Pueblo”. Ahí recurrió de manera directa al neofascismo, expresamente separándolo de otros términos, para calificar a la oposición: “No es derecha, no es ultraderecha, es neofascismo”, comentó el exmandatario. Como era de esperarse, y quizá como él mismo esperaba, la afirmación recibió bastante atención.
Paxton sostiene que el fascismo es un concepto más ambiguo de lo que se puede creer. No tiene, por ejemplo, una base fundacional sostenida teóricamente, a diferencia de otras ideologías. Antes de su famosa obra, el historiador escribió un artículo titulado Las cinco etapas del fascismo (1998) en donde señala que no “hubo un manifiesto fascista ni un pensador fascista fundacional”. De tal forma, su uso extenso y algo desmedido se puede deber a la dificultad de alcanzar una definición que pueda enmarcar satisfactoriamente en una universalidad lo que es el fascismo. Por lo general, entonces, se recurre a la historia para darle un significado y, a partir de este, buscar similitudes con el presente.
Con el fascismo existen dos realidades: la primera es que la etiqueta de fascista persiste; en ocasiones se vacía de su contenido (con toda la brutalidad que implica) y se utiliza de manera errónea para referirse a cualquier sistema autoritario o de derecha. Sin embargo, y aquí va el segundo punto, si el término resuena por ahora es porque existen movimientos que coquetean con tal ideología. A veces, negar de antemano su existencia es lo que le permite manifestarse.
@IGNACIOMINJ