Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
El Mensaje SECRETO que Maximiliano Le Mandó a JUÁREZ Antes de Morir
Noticia publicada a
las 03:50 am 04/10/26
Por: Redacción.
19 de junio de 1867. Faltan minutos para las 7 de la mañana y sobre el cerro de las campanas, en las afueras de Querétaro, el aire huele a pólvora vieja y a tierra mojada. Tres hombres bajan de unos carruajes negros. Uno de ellos es alto, rubio, con una barba partida en dos que toda Europa reconocería.
Camina erguido, saluda a los soldados que van a matarlo y les reparte una por una monedas de oro. les pide algo extraño, que apunten bien al pecho y que no le toquen la cara, porque su madre, al otro lado del océano, querrá reconocerlo. Ese hombre fue archiduque de Austria, almirante de una flota imperial y durante 3 años emperador de México.
Se llama Maximiliano de Absburgo. Y lo que casi nadie sabe es que unas horas antes de pararse frente al pelotón, escribió una carta. No a su madre, no a su esposa. Se la escribió a su peor enemigo, al hombre que firmó su sentencia de muerte. Benito Juárez. Sí, escuchaste bien. El mensaje secreto que Maximiliano le mandó a Juárez antes de morir existió de verdad.
No es leyenda urbana mi invento de novela. Es un documento real fechado el mismo día de la ejecución, escrito por un condenado a muerte para el presidente que se negó a perdonarlo. Y lo que dice adentro es todavía más sorprendente que el hecho de que exista. Un emperador derrotado, a punto de recibir tres descargas de fusidería, le pide algo a su verdugo.
No le pide clemencia, no le pide venganza, le pide otra cosa, algo que desconcertó a quienes lo leyeron entonces y que sigue provocando escalofríos siglo y medio después. En este video vamos a reconstruir paso a paso cómo llegaron estos dos hombres a ese cerro. Un príncipe europeo nacido en un Palacio de Viena y un pastor zapoteco nacido en una choa de Oaxaca.
Dos vidas que no tenían por qué cruzarse jamás y que terminaron enfrentadas en uno de los duelos más extraordinarios del siglo XIX. ¿Vas a entender por qué Francia invadió México? ¿Por qué medio mundo le rogó a Juárez que no disparara? ¿Y por qué el presidente dijo que no a reyes, a escritores y a princesas arrodilladas? Y al final, cuando conozcas toda la historia, vas a escuchar palabra por palabra lo que decía esa carta y vas a poder juzgar por ti mismo si Juárez hizo bien en guardar silencio, porque eso hizo, la leyó, la guardó y
nunca respondió. Quédate hasta el final porque esta historia no es solo el pasado de México. Es una lección sobre el poder, la ley y la dignidad que sigue vigente hoy. Para entender ese amanecer en Querétaro, hay que retroceder y mirar el México de mediados del siglo XIX. Y ese México era, para decirlo sin rodeos, un país exhausto.
Desde la independencia consumada en 1821, la nación había vivido en un torbellino permanente. En apenas 40 años se sucedieron decenas de gobiernos, cuartelazos, presidentes que duraban semanas y un personaje, Antonio López de Santa Ana, que ocupó la presidencia 11 veces. En 1848, tras la [carraspeo] guerra contra Estados Unidos, México perdió más de la mitad de su territorio, Texas, California, Nuevo México, [carraspeo] Arizona.
Imagina la herida que eso dejó en el orgullo nacional y en las arcas del estado. El país estaba quebrado, humillado y profundamente dividido. Dividido sobre todo entre dos maneras opuestas de imaginar el futuro. De un lado estaban los conservadores. Querían un gobierno central fuerte, la religión católica como columna vertebral de la sociedad. El mensaje secreto fue este: “¡Cuídate de la Iglesia, ellos me traicionaron!” Y van sobre ti…