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Escuchar y resolver problemas de salud es tarea del gobierno
Noticia publicada a
las 01:57 am 30/09/26
Por: Iván Restrepo.
En abril de 2007 la Ciudad de México se convirtió en pionera a nivel nacional al reconocer la interrupción legal del embarazo hasta las 12 semanas. Ahora, con el apoyo mayoritario de la población y buena parte de la comunidad médica, el Congreso de la capital del país estudia varias propuestas para legalizar la eutanasia.
Una de las más destacadas lleva casi cuatro años de estar en la agenda pública, gracias a Samara Martínez, paciente con una enfermedad terminal. Ella es la expresión más convincente de la necesidad de legislar en la materia. Su lucha traspasó fronteras. Se espera que antes de que termine este año se apruebe la nueva legislación en tan importante tema.
Sobre la eutanasia escribió numerosas ocasiones el doctor Arnoldo Kraus, fallecido el 30 de agosto del año pasado. En sus libros y en los artículos que publicó en La Jornada y El Universal, expuso la necesidad de legislar para garantizar el derecho de los pacientes a tener una muerte digna y evitar el uso de “tratamientos médicos desproporcionados o innecesarios que sólo prolongan la vida biológica de un paciente terminal o irreversible, sin ofrecer esperanza de cura ni calidad de vida, y aumentando su sufrimiento”. Algo en que suelen caer el cuerpo médico, los hospitales y las grandes compañías farmacéuticas.
El próximo sábado a las 12 del día en la sede del Seminario de Cultura (Avenida Presidente Masaryk 526) se presentará el libro póstumo de Arnoldo Kraus. Cuarto 412, se titula. Incluye sus reflexiones sobre la deshumanización de la medicina. Impulsor de la bioética, defensor de los grupos vulnerables, los derechos humanos y la necesidad de la comunicación con los pacientes. Escucharlos y resolver adecuadamente sus enfermedades, fue siempre su prédica. Además de mostrar cómo las grandes compañías farmacéuticas imponen su ley en las prácticas médicas, vía obsequios, publicidad engañosa, apoyo para asistencia a seminarios, viajes de placer, por ejemplo.
Escuchar y resolver los problemas adecuadamente es también deber de las instancias gubernamentales. Algo que suele olvidarse con mucha frecuencia en México. Un ejemplo: la situación que impera desde hace décadas en el Distrito 03, en Tula, Hidalgo, y en la muy contaminada presa Endhó. A finales y principios de los años 70 del siglo pasado, tuve la oportunidad de estudiar ambos sitios. Además, acompañé a Fernando Benítez en su estancia para elaborar el libro sobre los otomíes, publicado en 1972 por la entonces próspera y bien conducida Editorial Era. Nuestro guía fue excelente: el antropólogo Maurilio Muñoz, de origen otomí, y en ese entonces Vocal Ejecutivo del Patrimonio Indígena del Valle del Mezquital y la Huasteca Hidalguense.
De la pobreza del Mezquital ya había un conmovedor testimonio: el libro La nube estéril, que publicara en 1952 don Antonio Rodríguez, periodista, crítico de arte y promotor cultural. Pero cuando 20 años después visitamos la región, la pobreza persistía. Y también el caciquismo, en el caso del Distrito de Riego 03, con un Martiniano Martín, que acaparaba los derechos de riego de los ejidatarios y controlaba la comercialización de los productos que allí se cosechaban.
En una reunión celebrada en la casa de don Hugo B. Margain, entonces secretario de Hacienda, el presidente Luis Echeverría escuchó mi denuncia del cacigazgo que había en el distrito 03; de la calidad del agua que lo integraba, procedente en buena medida de la presa Endhó, ésta a su vez alimentada con las aguas negras de la Ciudad de México. De las siembras de hortalizas en dicho distrito, lo que ponía en peligro la salud de los consumidores. De la pobreza en el Mezquital. Del latifundio el Gargalote, en San Luis Potosí, propiedad del cacique Gonzalo N. Santos. Y otro cacique que controlaba a los copreros en la Costa Grande de Guerrero.
Echeverría sostuvo ese día que en su gobierno no cabían ni los caciques ni la pobreza extrema. Y por eso instruyó al secretario de Recursos Hidráulicos, Leandro Rovirosa, y al de la Reforma Agraria, Augusto Gómez Villanueva, tomar las medidas necesarias para acabar con el estado de cosas mencionado. No fue así. Han pasado ocho sexenios y, en vez de solucionar los problemas en esa región de Hidalgo, se agravaron, como detallaré el lunes próximo.