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¿Quitarles el celular o enseñarles cuándo soltarlo?
Noticia publicada a
las 02:54 am 10/09/26
Por: Marisa Hernández Juliá.
Y como mamá, entiendo la discusión que se ha generado en torno a ello, por un lado, hay quienes dicen: “Quiero que mi hija o mi hijo tenga un celular para poder localizarlo”
Hay escenas que hace algunos años nos habrían parecido extrañas y que hoy son completamente normales, una mesa con cuatro personas y cuatro pantallas;
un parque lleno de niñas y niños, algunos jugando y otros mirando un teléfono, o un salón de clases donde, mientras una maestra explica, basta una notificación para llevarse la atención hacia otro lugar.
Y como mamá, entiendo la discusión que se ha generado en torno a ello, por un lado hay quienes dicen: “Quiero que mi hija o mi hijo tenga un celular para poder localizarlo”. También entiendo que vivimos en un mundo digital y que sería absurdo pretender que nuestras niñas, niños y jóvenes crezcan alejados de la tecnología.
Pero una cosa es aprender a utilizarla y otra muy distinta permitir que la tecnología decida permanentemente dónde ponemos nuestra atención. En México se discuten nuevas reglas para el uso de celulares dentro de las escuelas y el objetivo que se ha planteado no es desaparecer la tecnología de las aulas, sino establecer cuándo tiene un propósito educativo y cuándo comienza a interferir con el aprendizaje, la convivencia y el bienestar de las y los estudiantes.
Y ahí creo que está el verdadero debate, porque la escuela no es solamente el lugar donde aprendemos matemáticas, historia o ciencias. También es donde aprendemos a hacer amigos, a conversar, a esperar nuestro turno, a perder un partido y volver a jugar, a resolver diferencias y mirar a otra persona a los ojos, e incluso a aburrirnos y sí, aburrirse también es importante.
Cuando cada momento libre se llena automáticamente con una pantalla, corremos el riesgo de quitarles a nuestras niñas, niños y jóvenes algo esencial: la oportunidad de descubrir qué hacer con su propio tiempo y de relacionarse con quienes tienen enfrente.
La preocupación tampoco se limita a las distracciones; entre los argumentos que han impulsado estas regulaciones están la atención durante las clases, la convivencia presencial y fenómenos como el ciberacoso y la presión que pueden generar las redes sociales, pero tampoco creo que la respuesta sea simplemente prohibir.
Prohibir puede apagar una pantalla durante unas horas. Necesitamos enseñarles que hay momentos para conectarse y momentos para estar presentes; que la tecnología puede ayudarnos a aprender, crear y descubrir el mundo, pero que no todo lo que sucede en una pantalla merece nuestra atención.
Y también necesitamos algo que ninguna aplicación puede sustituir: alternativas reales, espacios para hacer deporte, cultura, arte, jugar, convivir y encontrarse con otras personas. Por eso estoy convencida de que recuperar una cancha, impulsar actividades para las juventudes o generar espacios de convivencia también forma parte de esta conversación y eso es parte de la labor que nos toca desde el voluntariado en Álvaro Obregón y para lo cual contamos con el apoyo total del alcalde, Javier López Casarín.
No podemos pedirles que suelten el teléfono si no contribuimos a construir un mundo fuera de la pantalla que también quieran descubrir. Regular el celular en las escuelas puede ser un buen comienzo, pero el verdadero reto es mucho mayor: formar una generación capaz de utilizar la tecnología sin convertirse en prisionera de ella.
Porque preparar a nuestras niñas, niños y jóvenes para el futuro no significa entregarles toda la tecnología posible, significa darles las herramientas para saber cuándo utilizarla y cuándo levantar la mirada. Eso también es construir un Futuro Activo.
POR MARISA HERNÁNDEZ JULIÁ