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La Red de Olga
Noticia publicada a
las 01:59 am 09/09/26
Por: Edmundo Velázquez.
Olga Romero la inflaron antes de que Puebla terminara de conocerla.
Llegó al Congreso local con más respaldo político que trayectoria.
Rápidamente comenzó a circular el mote de “hija política” de Miguel Barbosa y, dentro de su propia bancada, algunos legisladores repetían que sin el entonces gobernador difícilmente habría construido algo por cuenta propia.
Barbosa le dio cercanía, espacios y protección.
El resto lo hizo la propaganda.
Poco a poco se fabricó alrededor de Olga la imagen de una operadora poderosa. El problema es que esa fortaleza nunca terminó de materializarse en votos, estructuras propias ni resultados verificables.
Tuvo cargos, reflectores y oportunidades.
Capital político, no tanto.
La mejor prueba está en Tehuacán, la tierra que presume como propia y donde todavía batalla para posicionar su nombre. Ahí, lejos de consolidarse como una opción natural para un cargo de elección popular, acumula resistencias, divisiones y un rechazo que sus colaboradores intentan ocultar mediante eventos, fotografías y publicaciones pagadas.
Pero detrás de esa debilidad electoral podría existir otra estructura mucho más eficiente: una que no necesariamente consigue votos, pero sí lugares en las nóminas.
En las próximas entregas comenzaremos a revisar expedientes que contienen nombres, cargos, salarios y relaciones personales. Personas originarias de Tehuacán, algunas sin experiencia acreditable en el servicio público, habrían encontrado espacios privilegiados dentro de distintas dependencias por su cercanía con Olga Romero, con sus hijos o con su todavía esposo.
Familiares, amistades y amigos de los hijos. Una red que deberá explicarse caso por caso.
No bastará con publicar una lista. Será necesario conocer quién recomendó cada perfil, qué funciones realiza, cuál es su horario, dónde se encuentra adscrito y cuánto dinero público ha cobrado.
También habrá que distinguir entre servidores públicos que efectivamente trabajan y quienes solamente aparecen en una nómina.
Porque hablar de presuntos aviadores exige documentos. Y documentos, según la información que comienza a integrarse, hay demasiados.
Otra línea conducirá hacia determinados despachos de auditoría externa y a las relaciones que habrían construido durante la etapa de Francisco Romero Serrano al frente de la Auditoría Superior del Estado.
Ahí deberán revisarse contratos, municipios auditados, intermediarios, pagos y posibles solicitudes de dinero. También tendrá que aclararse qué papel desempeñó el esposo de Olga Romero y si su cercanía política sirvió para abrir puertas que después se transformaron en negocios.
No se trata de lanzar acusaciones al aire. Se trata de seguir el dinero.
La tercera ruta llegará hasta los programas sociales utilizados para promover la imagen de Olga en Tehuacán.
Existen señalamientos sobre apoyos que habrían sido recibidos para su distribución y que nunca llegaron oportunamente a sus destinatarios. Parte de esos productos, incluida leche destinada a la población, habría terminado echándose a perder en terrenos de San Lorenzo Teotipilco.
Los nombres de Francisco y Antonio Hernández aparecen alrededor de esa operación.
La pregunta es elemental: si no pudieron entregar correctamente ni los apoyos más básicos, ¿qué ocurrió con todo lo demás?
Habrá que conocer cuántos productos recibieron, qué dependencia los proporcionó, quién firmó, dónde fueron almacenados, quién debía distribuirlos y cuál fue finalmente su destino.
Porque una cosa es tomarse fotografías con los beneficiarios y otra muy distinta administrar correctamente los recursos públicos.
Olga Romero ha construido durante años la narrativa de una dirigente fuerte y con posibilidades electorales.
Ahora tocará revisar si edificó una estructura política o solamente una red de favores; si formó cuadros o acomodó conocidos; y si utilizó sus cargos para fortalecer a Morena o para beneficiar a su círculo más cercano.
Esta es apenas la primera entrega. Después vendrán los nombres, los sueldos, los cargos, los despachos, los parentescos y las dependencias. Cada documento abrirá una puerta y detrás de cada puerta podría aparecer alguien que todavía se siente protegido.
Olga afirma que esperará los tiempos.
Si con este expediente apenas comenzando todavía pretende buscar un cargo en 2027, quizá debería reflexionar sobre lo que ocurrirá cuando la revisión deje de hablar en general y comience a señalar personas, montos y responsabilidades.
Tehuacán también tendrá que reflexionar.
Tendrá que decidir si quiere entregar su representación a quien no consiguió construir capital político propio, pero alrededor de quien sí habrían prosperado nóminas, favores y operadores.
Un cargo de elección popular no silencia los expedientes. Los vuelve más relevantes.
La red no se rompe con una candidatura. Se rompe exhibiendo cada hilo.
Y este expediente apenas empieza a abrirse.