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La economía sigue atorada
Noticia publicada a
las 02:05 am 04/09/26
Por: Darío Celis.
Los indicadores adelantados del IMEF volvieron a encender una alarma que muchos creían superada. Después de algunos meses de mejora moderada, agosto registró un retroceso que vuelve a colocar a la economía mexicana cerca del estancamiento.
El dato más ilustrativo está en la manufactura.
El Indicador IMEF Manufacturero se ubicó en 49.7 puntos, exactamente el mismo nivel de julio y por debajo de la frontera de los 50 puntos que marca la diferencia entre expansión y contracción. Lo más relevante no es la cifra de un mes, sino la tendencia: el sector acumula 29 meses consecutivos en terreno contractivo.
Los servicios tampoco ofrecieron mejores señales. El Indicador No Manufacturero cayó de 49.6 a 48.7 puntos durante agosto, reflejando una pérdida de dinamismo en actividades que durante los últimos meses habían mostrado una recuperación gradual.
Para el Gobierno de Claudia Sheinbaum, el momento resulta particularmente delicado. La administración ha concentrado buena parte de sus esfuerzos en estabilizar las finanzas públicas, reducir el déficit y preservar la confianza de los mercados. Sin embargo, los indicadores empiezan a sugerir que la estabilidad, aunque necesaria, todavía no se traduce en mayor crecimiento.
La inflación ofrece un buen ejemplo de esa contradicción. La tasa general descendió hasta 3.10% en julio, su menor nivel desde finales de 2020, y posteriormente se ubicó en 3.26% a mediados de agosto. En cualquier otro contexto, estos números serían motivo de optimismo.
El problema es que la inflación subyacente continúa cerca del 4%, mientras la actividad económica sigue mostrando una expansión insuficiente para generar un ciclo de crecimiento sostenido.
Las empresas observan precisamente ese fenómeno. Los costos dejan de ser la principal preocupación, pero las órdenes de compra, la inversión y la demanda continúan avanzando a un ritmo menor al esperado. La desaceleración ya no proviene de un choque inflacionario; proviene de una economía que no termina de encontrar nuevos motores.
A ello se suma la discusión sobre el peso. Durante 2026 la fortaleza cambiaria ayudó a contener los precios de bienes importados y contribuyó a moderar la inflación. El debate entre los especialistas del IMEF es cuánto tiempo podrá mantenerse esa ventaja. Un eventual debilitamiento del peso podría volver a presionar precios justamente cuando la actividad económica muestra menos fuerza.
Lo que describen los indicadores no es una economía en crisis. Tampoco una economía en expansión.
La fotografía se parece más a un vehículo que logró salir del bache, pero que todavía no encuentra velocidad de crucero. Y para un gobierno que inicia la segunda mitad de su sexenio, permanecer demasiado tiempo en ese punto intermedio podría convertirse en un problema más difícil de resolver que una recesión abierta. Porque las crisis obligan a actuar; el estancamiento, en cambio, tiene la capacidad de normalizarse.
LA REVISIÓN del T-MEC ya comenzó a perfilar las líneas rojas de México en materia laboral. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, encabezada por Marath Bolaños, dejó claro en su Segundo Informe de Gobierno que el país no aceptará modificaciones al Capítulo 23 del acuerdo comercial ni a sus anexos laborales mientras no exista una revisión del funcionamiento del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida. La postura surge después de consultas con organizaciones sindicales de todo el país y busca, entre otros puntos, acotar el margen de actuación de los agregados laborales extranjeros. El mensaje tiene un componente político y otro de soberanía regulatoria: México considera que las reglas laborales deben aplicarse con equilibrio entre los socios comerciales. En paralelo, el Gobierno prepara el arranque de un mecanismo contra el trabajo forzoso en el sector agroexportador, una señal de que la defensa de su posición en la negociación irá acompañada de nuevas herramientas de supervisión interna.