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2º año en la Presidencia de Sheinbaum y su atadura a la familia López Obrador
Noticia publicada a
las 02:32 am 03/09/26
Por: Gerardo Pérez García.
Los hechos son claros y contundentes. No hay el menor atisbo que sea lo contrario. Al ser humano por sus hechos y acciones se le conoce. Así, al cumplir Claudia Sheinbaum Pardo dos años al frente de la Presidencia de México, queda claro que continúa atada a los deseos e intereses de Andrés Manuel López Obrador y de sus hijos —Andy— Andrés Manuel, Gonzalo y José Ramón López Beltrán.
De ello, al menos, hasta hoy, no hay la menor duda. Por lo que todo hace indicar… el obradorismo tiene cercada a la primera mujer Presidenta del país. Y ella, al corte de hoy, continúa con su lealtad al inquilino de la finca “La Chingada”, ubicada en Palenque, Chiapas.
El lazo que los une parece ser que será indisoluble. Está claro que ella le debe su carrera política a él y solamente a él. A nadie más. Por lo que esa fraternidad será hasta que la muerte los separe. Tiene claro que haber llegado a Palacio Nacional se lo debe cien por ciento al oriundo de Macuspana, Tabasco. Relación que inicia en el 2000 cuando López Obrador fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México y designa a Sheinbaum Secretaria del Medio Ambiente. Amistad que se extiende durante las campañas presidenciales de AMLO de 2006 y 2012.Y en la de 2018, López Obrador coloca a Sheinbaum de candidata al Gobierno de la CDMX y él va por su tercera campaña presidencial. Ambos triunfan. Él llega a Palacio Nacional. Ella al Palacio de la CDMX.
DESTAPE DE CORCHOLATAS.
En 2021, el mandatario López Obrador abre el juego de la sucesión de 2024 al destapar a sus corcholatas: Claudia Sheinbaum, Adán Augusto López Hernández, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal. Destape con tres años de anticipación que auguraba una lucha intestina que terminaría por devorarse entre sí. Pero aconteció lo contrario. La tan larga —y anticipada— carrera presidencial sirvió para que el territorio nacional conociera quién era Claudia Sheinbaum, pues el haber sido únicamente jefa Delegacional, titular del Medio Ambiente y jefa de Gobierno de la CDMX la identificaban sólo en la capital y zona conurbada. Y vaya que si la conocieron. Fueron tres años de permanente promoción y recorridos por los estados, entrevistas en radio, televisión y prensa escrita; ni qué decir en las redes sociales. Amén del inteligente juego de que era la hora de las mujeres. Que se debía romper con el techo de cristal.
La nación debe tener una mujer en la Presidencia. Y Claudia ayer cumplió su segundo año de gobernar a más de 130 millones de mexicanas y mexicanos. Mandato en medio de presiones por investigaciones de Estados Unidos contra presuntos narcopolíticos mexicanos que han alcanzado a figuras de la estructura política que heredó de López Obrador.
La acusación contra Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia, cancelación de la visa de —Andy—Andrés Manuel López Beltrán, los audios de la mandataria de Baja California Marina del Pilar Ávila, los —supuestos—gobernadores “informantes” de Estados Unidos, más las indagatorias del huachicol fiscal que involucra a mandos y familiares de la Marina. Panorama crítico para la primera mujer Presidenta. Pues a ello hay que agregar a Morena, su partido de la Cuarta Transformación, que pese al revelo de Ariadna Montiel por Luisa María Alcalde y la salida de la cartera de Organización de Andy López Beltrán, más la incorporación de Citlalli Hernández a la presidencia de Elecciones, resulta que las dos mujeres son hechura del obradorismo.
De ahí, que la elección de junio de 2027 será el “parteaguas” de Sheinbaum. Es el momento para que lleguen los claudistas a las 17 gubernaturas en juego. Pero sobre todo la conformación de la Cámara de Diputados con sus 500 legisladores. En ella está que lleguen los claudistas. O dejar que continúe la ola obradorista. Será la hora de romper ataduras y cercos. No hay mañana. ¿O no es así? Al tiempo.