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Sun Tzu y el arte de no hacer la guerra
Noticia publicada a
las 02:14 am 02/09/26
Por: Ivana Von Retteg Nolan.
Desconfió del combate y privilegió la información, el cálculo y la posibilidad de alcanzar la victoria sin destrucción
Sus máximas aparecen en escuelas militares, empresas, vestidores deportivos, libros de liderazgo y publicaciones en redes sociales. Sun Tzu ha terminado convertido en consejero universal: sirve para dirigir un ejército, negociar un contrato,
enfrentarse a la competencia o sobrevivir a una junta hostil. Pero detrás de esa enorme popularidad hay una historia bastante más extraña.
Para empezar, ni siquiera podemos afirmar con absoluta certeza quién fue Sun Tzu. “Sun Tzu”, o Sunzi, significa aproximadamente “Maestro Sun”. La tradición identifica a este personaje con Sun Wu, un estratega que habría vivido hacia finales del periodo de Primaveras y Otoños y servido al rey Helü, gobernante del estado de Wu, alrededor del siglo V a. C. El problema es que la biografía más famosa de Sun Wu fue escrita por el historiador Sima Qian varios siglos después de la época en la que supuestamente vivió. En ella aparece incluso una célebre historia en la que el estratega demuestra al rey su capacidad para imponer disciplina entrenando a las mujeres del palacio. Es una buena anécdota que como documento histórico resulta menos fiable.
La existencia de Sun Wu y la autoría de El arte de la guerra abren debate hoy día porque algunos especialistas consideran que detrás del libro pudo existir realmente un estratega histórico; otros creen que el texto adquirió su forma a lo largo del periodo de los Estados Combatientes y que sus trece capítulos podrían ser el resultado de una tradición intelectual desarrollada durante varias generaciones. Que ironía que, uno de los estrategas más famosos de todos los tiempos consiguió ocultarse tan bien que todavía no estamos completamente seguros de quién era.
En 1972, arqueólogos que excavaban tumbas de la dinastía Han en Yinqueshan, en la actual provincia de Shandong, encontraron miles de antiguas tablillas de bambú. Entre ellas aparecieron textos militares extraordinarios: una versión temprana del Arte de la guerra atribuido a Sunzi y otro tratado diferente atribuido a Sun Bin, un estratega posterior. El descubrimiento fue especialmente importante porque durante siglos había existido confusión sobre la relación entre ambos personajes y sus respectivas obras. De pronto, dos tratados distintos estaban físicamente allí, enterrados en una misma tumba desde hacía más de dos mil años.
Sun Tzu escribe sobre la guerra desconfiando profundamente de ella. Gran parte del tratado está dedicada al precio de combatir: mantener ejércitos, transportar provisiones, movilizar hombres y prolongar campañas consume los recursos de un Estado. Una guerra excesivamente larga puede agotar incluso al vencedor. El buen estratega, entonces, no es necesariamente aquel que gana más batallas… es aquel que necesita menos.
La destrucción aparece como un recurso costoso y conservar intacto aquello que puede conquistarse mediante estrategia resulta preferible a arrasarlo para después tener que reconstruirlo. La victoria superior consiste, en la lógica del texto, en quebrar los planes y la capacidad de resistencia del adversario antes de que el enfrentamiento abierto sea inevitable.
De ahí surge uno de los conceptos fundamentales del libro: una gran parte de la guerra sucede antes de la batalla.
Sun Tzu distingue varias clases de agentes, entre ellos informantes locales, infiltrados y espías enemigos que pueden convertirse en agentes dobles. Recomienda recompensarlos generosamente y proteger cuidadosamente sus operaciones. La información, para él, no era un detalle secundario del combate; podía determinar si el ejército debía combatir en absoluto. Un comandante puede tener miles de soldados y aun así perder frente a alguien que comprende mejor la situación. La fuerza existe, pero debe estar subordinada al conocimiento.
El arte de la guerra habla de ejércitos, espías, terrenos y asedios, pero detrás de todos ellos estudia también la toma de decisiones cuando lo que está en juego es demasiado importante para improvisar. Antes de utilizar la fuerza, hay que comprender el escenario tanto como antes de reaccionar, hay que calcular. Y antes de entrar en una guerra, la primera pregunta inteligente es si realmente hace falta librarla.
POR IVANA VON RETTEG NOLAN
@IVANAVONRETTEG