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Más allá de la DEA
Noticia publicada a
las 04:30 am 23/08/26
Por: Alfredo Ríos Camarena.
El reconocimiento internacional a García Harfuch ocurre en un momento político que invita a mirar más allá de la coyuntura.
La presencia de Omar García Harfuch en el escenario nacional ha sido sorprendente y su crecimiento político, exponencial. Además de su larga carrera policiaca, sus orígenes familiares lo vinculan con los temas de seguridad,
pues su padre fue jefe policiaco y secretario de Estado, y su abuelo, secretario de la Defensa Nacional.
En sus antecedentes curriculares no figuraba ninguna relación con la política; no obstante, intentó ser candidato de Morena a jefe de Gobierno de la Ciudad de México y obtuvo el triunfo en la elección interna, que le fue desconocido para impulsar en su lugar a Clara Brugada. En compensación, fue candidato a senador por la Ciudad de México y obtuvo el triunfo con más de tres millones de votos. Su popularidad aumentó años atrás cuando, en 2020, intentaron privarlo de la vida y, milagrosamente, se salvó y continuó con éxito su trabajo como jefe policiaco de la ciudad.
A mayor abundamiento, cuenta con la confianza plena de la presidenta Sheinbaum, quien le ha encomendado la delicada tarea de encabezar el gabinete de seguridad. Su trabajo ha sido destacado y, sorprendentemente, su manejo político y su relación siempre respetuosa con los medios de comunicación le acreditan una buena imagen.
Hace unos días, en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC 2026), celebrada en Buenos Aires, Argentina, donde participan más de 100 países, fue ampliamente reconocido y elogiado por el director de la DEA, Terrance Cole.
En este momento, en que las relaciones con el gobierno norteamericano son tirantes y difíciles, resulta relevante el reconocimiento mencionado, que emana de su añeja relación con esa organización y de su tacto diplomático en la relación con otros países, como Argentina, Ecuador y Colombia, cuyos representantes han mantenido relaciones de trabajo con él, a pesar de que esos gobiernos no tienen gran afinidad con el Gobierno de México.
Este bagaje lo catapulta hacia una probable candidatura presidencial por Morena, partido en el que milita desde 2023. A pesar de ello, los grupos duros de esa institución no lo ven con simpatía, lo que lo convierte en receptor constante de "fuego amigo".
La estrategia de Estados Unidos para consolidar su hegemonía continental ha sido apoyar a partidos afines a sus intereses y favorecer triunfos electorales en Argentina, Chile, Colombia, Perú, Honduras, Ecuador, El Salvador y otros países. Este método probablemente no pueda aplicarse en México, pues es evidente que, con la concentración del poder en un partido hegemónico, Morena tiene amplias posibilidades de ganar la elección presidencial de 2030. Por ello, el camino más sencillo sería promover candidaturas menos radicales al interior de las filas oficialistas, como también podría ser el caso del secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Las condiciones, por supuesto, pueden cambiar; pero, de momento, la popularidad del jefe policiaco es innegable y, por lo mismo, su prestigio y aun su seguridad personal deben ser preservados a toda prueba.
Más allá de cualquier simpatía partidaria, conviene analizar los escenarios políticos posibles hacia el futuro, pues de ello dependerá el porvenir de la Nación.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM