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El poder de las audiencias
Noticia publicada a
las 02:46 am 22/08/26
Por: Nora Ruvalcaba Gámez.
Pero recibirla no basta. Las audiencias necesitan desarrollar la capacidad de distinguir hechos de opiniones, información de publicidad.
La discusión sobre los derechos de las audiencias es hoy el centro de la conversación pública nacional. El tema revivió un debate que no es nuevo,
pero sí necesario: garantizar que las personas tengan acceso a información objetiva, plural y oportuna.
Pero recibirla no basta. Las audiencias necesitan desarrollar la capacidad de distinguir hechos de opiniones, información de publicidad y veracidad de desinformación. Sólo así pueden formarse criterio propio para tomar decisiones fundadas.
La discusión sobre los derechos de las audiencias es hoy el centro de la conversación pública nacional. El tema revivió un debate que no es nuevo, pero sí necesario: garantizar que las personas tengan acceso a información objetiva, plural y oportuna.
Pero recibirla no basta. Las audiencias necesitan desarrollar la capacidad de distinguir hechos de opiniones, información de publicidad y veracidad de desinformación. Sólo así pueden formarse criterio propio para tomar decisiones fundadas.
necesita una persona para ejercer su derecho a la información?
No basta con abrir el periódico, escuchar la radio, encender la televisión o ver un reel en redes sociales. La forma en que consumimos información cambió y también deben cambiar las herramientas con las que nos acercamos a ella.
Ahí adquiere relevancia la alfabetización mediática. No se trata sólo de acceder a información, sino de desarrollar capacidades para evaluarla críticamente, identificar contenidos falsos y reconocer fuentes confiables. La UNESCO plantea que estas capacidades permiten utilizar y compartir información de manera responsable y ética.
La necesidad de estas capacidades puede verse con claridad en la experiencia de otros países.
Un estudio realizado en Chile entre universidades y organizaciones dedicadas a la verificación de información encontró que los contenidos falsos circulaban más rápido y generaban más interacciones que la información verificada. El hallazgo resulta revelador: la desinformación no sólo compite con la verdadera, sino que puede tener ventaja para llegar más lejos.
Uruguay ofrece otro ejemplo. El país propuso incorporar la integridad de la información como principio orientador de su legislación, además de establecer mecanismos para verificar datos y evitar las consecuencias negativas de la desinformación.
Estos esfuerzos parten de una idea de fondo: la calidad de la información es indispensable para que una sociedad pueda tomar decisiones con libertad. Por eso, la alfabetización mediática debe formar parte de la educación y de la formación de las personas. No puede ser un conocimiento reservado para especialistas; debe ser una herramienta al alcance de todas y todos para comprender la información, cuestionarla y construir un criterio propio frente a lo que ocurre en la vida pública.
Dicha tarea exige la participación de distintos sectores. Las universidades, los centros de investigación, las organizaciones dedicadas a la verificación de la información, las cámaras empresariales y los medios tienen un papel que desempeñar en la construcción de una cultura informativa más sólida.
En este contexto, la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ofrece la oportunidad de ampliar y profundizar una discusión que no debería agotarse en las obligaciones de los medios, sino extenderse hacia la capacidad de las audiencias para ejercer sus derechos.
El verdadero desafío será ahora convertir esa discusión en una nueva cultura frente a la generación y distribución de información: una ciudadanía más exigente con los medios y más consciente de su impacto en la sociedad.
Así, el poder de las audiencias radicará en su capacidad para decidir por sí mismas qué pensar, qué creer y qué verdad aceptar.
POR NORA RUVALCABA GÁMEZ
COLABORADORA
@NORA_RUVALCABA