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Soberanía, ¿existen tonos?
Noticia publicada a
las 04:34 am 15/08/26
Por: Jorge Carrillo Olea.
Parecería acertado decir que, desde la óptica geopolítica de Donald Trump, la región Golfo-Antillas-Venezuela concentra dos características estratégicas de México que influyen directamente en la seguridad y los intereses nacionales de Estados Unidos. Lamentablemente, los pensadores del presidente estadunidense efectivamente han hecho un examen de fondo y han refrescado ideas que tuvieron alta consideración sobre el área.
La segunda razón para él es que la región representa un frente de competencia estratégica con actores extrarregionales. En esta visión, aun con lo ambiguo sobre Venezuela, Cuba es considerada un punto estratégico para la presencia política actual, económica y, en algunos casos, militar de Rusia, China. La zona sí importó mucho en el pasado y hoy también.
Ante una urgencia estratégica, la campaña del Pacífico, Segunda Guerra Mundial, llegaron los marines, se convinieron atentos instrumentos, no había escape y nos doblamos. Parecía que el pensamiento de Roosevelt contraía una amenaza, pero la escondió con su amable sonrisa.
Llegaron técnicos y con mano de obra de la región construyeron tres bases aeronavales para la defensa del canal en Isla de Cozumel con doble pista de concreto de 2 mil 700 metros, Isla del Carmen e Ixtepec. El proyecto estadunidense originalmente también incluía Veracruz y Tampico, pero la evolución de la guerra impuso a Estados Unidos a cambiar el esfuerzo hacia el Frente Oriental.
Los aeropuertos de Cozumel e Isla del Carmen se mantuvieron como base en operaciones militares, posteriormente fueron entregados a la FAM. El de Ixtepec que nunca ha operado, está a cargo de la Fuerza Aérea Mexicana, como Base Aérea número 2, pero sin uso real. Ha habido ideas de rehabilitarla, pero siempre gana la opinión a favor de la región occidental, Tehuantepec-Salina Cruz.
En menor medida, algunos otros territorios del Caribe, como la isla de Granada, que algún día fue invadida por la 101 División Aerotransportada, forman parte de la arquitectura política regional observada por Washington.
Volviendo a los intereses de Trump, el Golfo y las Antillas inmediatas son el núcleo del perímetro marítimo y energético de Estados Unidos. Para Trump, esta región constituye en primer lugar el espacio marítimo más sensible del hemisferio occidental, porque reúne simultáneamente, el acceso al litoral sur de Estados Unidos.
China busca ampliar su influencia mediante inversiones en infraestructura, financiamiento, telecomunicaciones y puertos. Por ello, en la visión de Trump, Venezuela no era únicamente un complejo problema bilateral, sino un elemento central de la competencia geopolítica en el Caribe. Por eso la tomó y ahora no parece saber qué hacer con ella, de ahí la lógica de esperar un zarpazo.
¿Hasta dónde pueden convivir los principios de cooperación y los de soberanía? No debe precipitarse ninguna respuesta teórica. Lo que es recomendable es respetar la dimensión y peso de las palabras, por eso a los que íbamos aún en la primaria nos insistían: usen los menos adjetivos, son recursos muy valiosos, no los desperdicien.
Me explico: a los aficionados a calificar todo dicho o acto foráneo como violación de soberanía les convendrá recordar lo ya dicho, que si por allá del año 1942, quizá el más álgido de la Segunda Guerra Mundial, el control del canal de Panamá era vital para efectos de las operaciones aliadas, sobre todo las logísticas de material de guerra, era vital; necesitaba tener garantizada libertad de movimiento Pacífico-Atlántico, se hubieran aprovechado de su poderío y lo hubieran tomado, aun así. La única razón que respetan es la de la fuerza .
Ahora, 80 años después, reconozco que al quejarme de algo, indudablemente confieso que eso me sucede por mis flaquezas, pero no acepto que se hayan fracturado mis principios, que sólo yo puedo abatir. Tal vez, Ramón López Velarde nos lo dijo cuando asegura que la patria es “impecable y diamantina”.
carrilloleajorge@gmail.com