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En una misma semana los mexicanos asistimos, entre sorprendidos y estupefactos, a dos expresiones de ilegalidad y autoritarismo que involucran directamente a la titular del Poder Ejecutivo Federal.
Primero, la utilización burda e ilegal de su nombre y de su alto cargo para decirle a los beneficiarios de programas sociales gubernamentales, particularmente a niños de las escuelas públicas, que “la Presidenta les manda dinero” de becas y apoyos sociales que se pagan con dinero del erario federal, obtenido del pago de impuestos de millones trabajadores y contribuyentes mexicanos.
Y segundo, la afirmación tácita, pública y contundente, de la propia doctora Sheinbaum Pardo, de que su política de comunicación social y manejo del dinero público destinado a la difusión e información en medios de comunicación (partidas 36605, 36101 y 36201) son ejercidas por su Administración con total discrecionalidad, uso político y patrimonialista, y violentando lo que mandata la ley General de Comunicación Social del país, regulada por el Artículo 134 constitucional.
“No quieren al Gobierno. ¿Y por qué no lo quieren? Pues por qué no les damos chayote, así tan sencillo como eso. Porque nosotros no le damos dinero a un periodista para que diga lo que queremos que diga. Sí hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación, a partir de sus audiencias, esencialmente es el esquema que tomamos.
“Hay algunos a los que no les damos: TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco, abiertamente lo digo. Pero todos los demás medios reciben a partir de sus audiencias. Es una fórmula que definimos a partir de que entramos al Gobierno”, dijo la Presidenta el pasado miércoles, en su conferencia mañanera.
Es decir, que Claudia Sheinbaum, 44 años después, piensa y actúa exactamente igual que José López Portillo, y emulando el pensamiento y la política de la etapa más rancia y autoritaria del sistema priista, la Mandataria que se jura democrática y de izquierda, acaba de acuñar su propia versión de la célebre frase del llamado Jolopo: “No pago para que me peguen” o “Te pago para que me pegues…pues no faltaba más”, pronunciada por el Presidente priista el 7 de junio de 1982, justo en un evento de celebración del Día de la Libertad de Prensa.
Aquella frase y aquel pensamiento autoritario de la era priista, hoy está de vuelta y recargado con la doctora y su política de comunicación social, en la que ella misma reconoce públicamente que a los periódicos y medios que ejercen la crítica y la libertad de prensa frente a su Gobierno, “no les damos (campañas públicas y recursos para difusión)”, mientras que a los medios que se disciplinan y someten, dejando de criticar o cuestionar su ejercicio del poder, a esos sí se les da y dice que esos medios dóciles o favorables a su actuación “reciben a partir de sus audiencias”.
Las afirmaciones de la Presidenta, como en su momento la de López Portillo, representan una abierta confesión de un pensamiento autoritario, censor y persecutor de la prensa crítica y de la libertad de expresión.
El control, condicionamiento y censura que ejerce hoy el Gobierno de Sheinbaum sobre los recursos públicos que por ley deben destinarse a apoyar la labor de la prensa y los medios de comunicación, es exactamente el mismo que ejercían los gobiernos del pasado, de los que ella y su movimiento político decían ser tan diferentes.
Si en su momento López Portillo aclaró que él no le pagaba a la revista Proceso de Julio Scherer, que cuestionaba y criticaba el despilfarro, la corrupción y la crisis económica de aquel sexenio, hoy Sheinbaum Pardo no tiene empacho ni vergüenza de reconocer públicamente que ella no le da recursos públicos (a los que se refiere como si fueran de su propiedad) a El Universal, Reforma y a TV Azteca, porque son medios que ejercen su libertad de prensa y de crítica al cuestionar, documentar y exhibir lo que está mal en su mandato.
Cuatro décadas después, el rostro y el discurso del autoritarismo y la censura contra el periodismo tienen rasgos y tono femenino, pero su lógica es igual de cínica e ilegal: el presupuesto federal se utiliza como yo quiera, no como diga la ley, y el dinero público, que yo doy y quito a discreción, se utiliza para premiar o castigar las líneas editoriales de la prensa.
En eso se resume el ataque de sinceridad que tuvo esta semana la Presidenta, que más allá de su siempre forzada sonrisa, está mostrando una cara cada vez más dura y un ejercicio de poder sin contrapesos ni limitaciones.
Porque encima de todo, la doctora, cuyo Gobierno quiere definir qué es verdad y qué es mentira en el ejercicio de la libre expresión, miente también flagrantemente cuando dice que su presupuesto de comunicación social se ejerce y se reparte entre los medios a los que ella sí les da dinero, con base en el tamaño de sus audiencias, que es el criterio legal que establece la mencionada Ley de Comunicación Social federal. Nada más falso.
Si se revisan el ejercicio de las partidas presupuestales 36101 y 36202 en los casi dos años de esta Administración, se encontrará que el ejercicio de los recursos públicos está concentrado mayoritariamente en unos cuántos medios de comunicación, prensa y electrónicos, y en un gran número de portales digitales de los llamados “medios alternativos” que son afines a la 4T.
Por ejemplo, el periódico que más ha recibido dinero público en su Administración es el diario La Jornada, afín al movimiento lopezobradorista, y que tan sólo en los dos años de Sheinbaum ha facturado ya en contratos con el Gobierno federal 237.3 millones de pesos en 2025 y 150.5 millones de pesos en lo que va de este 2026.
Si se suma a lo que se le asignó a ese mismo diario en el sexenio de López Obrador, la suma total de lo que le han asignado a Demos Desarrollo de Medios, que es su razón social, son mil 315 millones de pesos, de acuerdo con un análisis del periodista Jorge García Orozco, basado en los reportes presupuestales federales.
Así que, con una Presidenta ensoberbecida que cree que el dinero público le pertenece a ella y a su Gobierno, que permite que sus funcionarios digan en anuncios oficiales que es ella la que “les manda dinerito” a los beneficiarios de los apoyos sociales, y que, como los gobernantes más autoritarios del PRI, repite aquello de que ella no paga para que le peguen y cataloga a los medios y a la prensa por buenos o malos, según los que la alaben y los que la critiquen, la realidad es que estamos viviendo tiempos negros para la democracia y para el ejercicio del periodismo crítico en el México de Claudia López Portillo, perdón de Sheinbaum Pardo.
Escalera Doble por la libertad de prensa y en contra del autoritarismo presidencial.
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