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OLGA ROMERO: LA TRAICIÓN COMO MÉTODO
Noticia publicada a
las 02:23 am 05/08/26
Por: Arturo Luna Silva.
Olga Romero Garci-Crespo no construye lealtades. Las utiliza.
El grupo de Miguel Barbosa Huerta la impulsó, la sostuvo y le abrió las puertas del poder. Rosario Orozco Caballero la mantuvo cerca después de la muerte del gobernador. Pero en cuanto Sergio Salomón Céspedes Peregrina asumió la gubernatura,
Olga entendió que el barbosismo ya no mandaba como antes y cambió rápidamente de lealtad.
Se acomodó con Sergio Salomón.
Él respetó su posición, respaldó su llegada a la dirigencia de Morena y le permitió conservar influencia cuando políticamente había quedado huérfana.
Pero la gratitud le duró exactamente lo mismo que el poder de Sergio Salomón.
En cuanto Alejandro Armenta Mier fue designado coordinador estatal de Morena y quedó encaminado a la gubernatura, Olga volvió a cambiar de bando. Se alejó de quien la había sostenido y corrió a ofrecerle al nuevo jefe político un supuesto capital electoral que nunca pudo demostrar.
Así opera.
Primero se acerca.
Después recibe respaldo, estructura y protección.
Y cuando aparece alguien con más poder, abandona a quien la ayudó.
Traicionó al grupo Barbosa cuando llegó Sergio Salomón.
Traicionó a Sergio Salomón cuando llegó Armenta Mier.
Y ahora pretende convencer al armentismo de que todavía representa algo en Morena y en Tehuacán.
Pero Alejandro Armenta parece haber entendido el engaño.
Olga Romero no tiene estructura propia.
No tiene control real del partido.
No tiene una base electoral sólida.
Tiene un cargo, una fotografía y demasiados conflictos personales.
Por eso hoy funciona más como florero que como dirigente.
Está presente, pero no decide.
Aparece, pero no suma.
Y en Tehuacán, lejos de fortalecer al movimiento, su imagen amenaza con convertirse en un lastre electoral.
Olga Romero creyó que siempre habría un nuevo grupo dispuesto a adoptarla.
El problema es que ya todos conocen el método.
Al grupo Barbosa lo abandonó.
A Sergio Salomón lo utilizó.
Y a Alejandro Armenta quiso venderle un capital político inexistente.
En política se puede cambiar de alianza.
Lo que no se puede esconder para siempre es la traición convertida en costumbre.
Así se las gasta Olga Romero: llega, se acomoda, recibe y, cuando ya obtuvo lo que buscaba, cambia de lealtad sin mirar atrás.
Que se orienten quienes pretendan acercarse a ella rumbo a 2027.
Con Olga, el respaldo dura mientras haya algo que sacar; después, el siguiente en la lista puede ser… cualquiera.