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Los primeros filtros de Morena
Noticia publicada a
las 12:46 am 04/08/26
Por: Edmundo Velázquez.
La líder estatal de Morena, Olga Lucía Romero Garci Crespo, volvió a anunciarlo: Morena será implacable en la selección de sus candidatos.
Fuera los perfiles con antecedentes cuestionables o vínculos que puedan comprometer la imagen del partido.
Dicho así, desde el atril, hasta suena a promesa de campaña de otro partido, uno serio.
La pregunta, como siempre, es más incómoda que el anuncio: ¿quién va a aplicar esos filtros y por dónde empieza?
Porque la dirigente estatal tiene la mala costumbre de convertirse en la primera víctima de sus propios discursos. Escupir para arriba, le dicen.
Durante meses, señalamientos, publicaciones y testimonios han puesto bajo la lupa su entorno político, familiar y empresarial.
Nadie está condenando a nadie sin pruebas, para eso están las autoridades electorales, que continúan siendo tremendamente permisibles con Morena, dicho por la propia consejera del INE, Carla Humphrey.
El tema es que cuando Morena y su líder es quien exige el estándar más alto arrastra dudas permanentes sobre quienes la rodean.
Por lo tanto, la congruencia comienza a ser un lujo que Olga Romero no se está dando.
El episodio más reciente tampoco ayuda a la narrativa.
En Tehuacán, Olga Romero encabezó un evento en el Sport Club El Paseo que buena parte de los asistentes interpretó, sin mucho esfuerzo, como posicionamiento político anticipado.
¿Y quiénes aparecieron en la operación del evento?
Arturo Osorio y Emilio Serrano, señalados por asistentes como piezas clave en la organización, el respaldo y la convocatoria del encuentro, se presentan como empresarios exitosos de la región.
Su ascenso económico, político y mediático ha sido tan acelerado que ya empieza a generar más preguntas que admiración en Tehuacán.
No se afirma que hayan cometido delito alguno.
Tampoco se trata de fabricar culpables.
Pero sí es legítimo preguntar si esos son los perfiles con los que una dirigente que presume filtros de máxima exigencia planea construir su proyecto político.
Porque si el filtro empieza por dejar pasar exactamente el tipo de compañías que genera dudas, entonces no es filtro: es coladera.
Las dudas también llegan a la sala familiar.
Circulan versiones sobre la relación sentimental de uno de sus hijos con una mujer previamente vinculada a una persona detenida por presunto narcomenudeo.
El corazón no se juzga y una relación no acredita delito alguno —eso también hay que decirlo con todas sus letras—, pero, para quien promete impedir que intereses criminales se acerquen al partido, resulta inevitable preguntar qué tan cerca, o qué tan lejos, está realmente ese entorno del que tanto se cuida hablar en público.
Porque si Morena quiere convencer a la ciudadanía de que ahora revisará con lupa a sus candidatos, tendría que empezar por cuidar sus compañías, a los operadores, los patrocinios, las relaciones políticas y los mensajes que proyectan quienes hoy encabezan el partido.
Los filtros no pueden ser un trámite que solo aparece cuando toca repartir candidaturas.
También deberían servir para medir la distancia entre lo que se proclama frente al micrófono y lo que se tolera, se construye o se acuerda fuera de él.
Porque cuando el discurso presume limpiar la política, pero el entorno inmediato genera más preguntas que respuestas, el primer examen no debería ser para los aspirantes.
Debería ser para quien promete aplicar los filtros de Morena.