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Embate brutal a la democracia
Noticia publicada a
las 01:39 am 21/07/26
Por: Alfredo Ríos Camarena.
Trump ha intervenido sin pudor en procesos electorales de buena parte del mundo occidental, especialmente en América Latina. Pero en su mensaje del jueves
Mientras el mundo celebra el final de la fiesta futbolera —que concluirá el domingo con el partido España–Argentina y la entrega de la copa por Trump y su lacayo Infantino—
el presidente estadounidense ejecuta un movimiento mucho más oscuro: un ataque directo y brutal contra su propio sistema electoral. El mismo personaje acusado del asalto al Capitolio aprovecha la distracción global para dinamitar las bases democráticas de su país.
Trump ha intervenido sin pudor en procesos electorales de buena parte del mundo occidental, especialmente en América Latina. Pero en su mensaje del jueves cruzó una frontera peligrosa: acusó a China de comprar datos electorales de más de 200 millones de personas y afirmó que 248 mil votantes no acreditaron su derecho a sufragar. Una cifra ridícula frente a los siete millones de votos que perdió frente a Biden y los dos millones doscientos mil con los que venció a Kamala. El argumento no sostiene nada; solo exhibe su desesperación.
Con encuestas que desploman su popularidad al 34% y anticipan una derrota republicana, decidió incendiar el sistema electoral estadounidense difundiendo informes de inteligencia desclasificados que sugieren una intervención china, aun cuando la conclusión oficial es tajante: no hubo hackeo ni manipulación. La maniobra es burda, pero profundamente peligrosa.El asunto abre la puerta a reformas que podrían desarticular el acreditado sistema democrático de Estados Unidos: eliminar el voto postal, limitar facultades constitucionales de los estados y establecer criterios federales sobre quién puede votar. Es un intento de reescribir la democracia desde el poder, sin legitimidad y sin freno institucional.
La declaración —insinuada desde el martes— podría derivar en un golpe de Estado interno, con la eventual proclamación de un estado de emergencia que, en los hechos, impida las elecciones de noviembre. Sería el mayor retroceso democrático en la historia moderna del país.
El régimen capitalista se sostuvo por su defensa de los derechos humanos y de la democracia. Hoy, la actitud del presidente amenaza estos pilares, replicando las formas fascistas de acceso al poder que ya conoció el siglo XX. La historia advierte lo que ocurre cuando el autoritarismo se disfraza de legalidad.
No solo el pueblo norteamericano, sino el mundo entero, debe mantenerse alerta: la descomposición de la democracia estadounidense puede desencadenar una destrucción mayor, que conduce a la anarquía y al gobierno multinacional de los grandes billonarios del planeta.
En México se padece la misma obsesión por el poder en el partido dominante, decidido a proteger a los suyos pese a conductas delictivas o traiciones. Morena cooptó el símbolo de la Guadalupana; arrebató valores históricos apropiándose de nuestra tradición constitucional forjada por tres revoluciones; e inventó la Cuarta Transformación, que no es ideología, sino un conjunto de intereses. Aunque se aprobaron reformas que favorecen a los pobres, también es cierto que los muy ricos nunca habían tenido una oportunidad tan clara de duplicar sus fortunas.
La democracia no muere de un solo golpe: muere de concesiones, de silencios y de complicidades. Este es, sin rodeos, un embate brutal a la democracia. Y si no se detiene ahora, mañana ya será demasiado tarde.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM