Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
Deporte, show y entretenimiento no son prioridad
Noticia publicada a
las 01:56 am 11/07/26
Por: Abraham Nuncio.
Desde hace tiempo, los gobiernos del mundo, con diferentes énfasis y significado social, parecen sentirse obligados a promover y financiar el deporte-espectáculo y el entretenimiento, en perjuicio de gastos prioritarios. Como si no hubieran pasado casi 2 mil años, en los que la fórmula para gobernar era pan y circo. Ahora, el régimen capitalista,
en el intento de evitar su crepúsculo, retoma e impone esta antigua fórmula del imperio romano.
Tal fórmula permite ocultar la injusticia inherente a ese régimen y sus efectos inhumanos en favor de los muy pocos y en perjuicio de la abrumadora mayoría. Con lo cual se cumple aquello que Dietrich Bonhoeffer llamó la teoría de la estupidez. La estupidez, decía, es un enemigo peor que la maldad: porque el estúpido responde a dogmas, clichés, consignas y cualquier motivo que suponga exaltación emocional. Y, por tanto, se mantiene blindado a la reflexión, a cualquier razonamiento o evidencia.
Se torna así en público cómplice de los tiranos. Un peligro para sí mismo y para otros. Bonhoeffer no hacía sino tratar de explicar aquello que era el régimen nazi. Hoy, a 83 años de distancia de su publicación, su “teoría” de la estupidez pareciera un adelanto del proceso de fascistización que amenaza con reproducir, mutatis mutandis, lo que fue el gatillo de la Segunda Guerra Mundial. Con un mayor impacto por efecto de la actual tecnología de la comunicación.
El control por las pantallas. Las causas de lo que Bonhoeffer llamó estupidez no fueron profundizadas por este teólogo castigado con prisión por los nazis; tampoco su efecto es la estupidez como tal. Si lo más relevante que ocurre en un país es el espectáculo, la farsa teatral, la excitación prefabricada, la consecuencia es el fanatismo de grandes masas de la población, que sólo esperan más señas espectaculares para reafirmarse personal y socialmente según lo que dicta la élite gobernante en torno a un liderazgo fabricado por su propia propaganda como una figura iluminada.
El deporte-show y el entretenimiento sirven de soportes ideales a los propósitos de los gobiernos de derecha. De lo que se trata es de mantener atentas y/o entretenidas hasta la adicción a las masas, mientras los gobernantes hacen de las suyas sin mayor oposición ni crítica efectiva. Lo extraño es que los gobiernos de izquierda no actúen de manera diferente. Al momento de definirse para dar continuidad a su programa frente a las tácticas regularmente sucias de la derecha empresarial, mediática y partidaria no hacen más que encuadrarse en sus reglas y seguirlas a pie juntillas. Algo que, en las campañas electorales, de manera subrayada, los pone en clara desventaja frente a este tipo de adversarios.
Pensemos en las elecciones que se han registrado en América Latina durante la segunda gestión presidencial de Donald Trump. Sí, este tirano se ha valido del chantaje, las tácticas desestabilizadoras de la CIA, la construcción de candidatos y el apoyo descarado a su empeño por el poder. Pero no cabe omitir el condicionamiento de un sector del electorado que votó por candidatos que no ofrecían un programa estructurado de los grandes problemas nacionales y de los que enfrentan esas mayorías cuyo comportamiento pareciera ser el de una masa de estúpidos.
Desplantes histriónicos, performances propias de los stars de la televisión, el cine y el deporte-show, aspavientos, palabrotas y dicterios contra sus rivales. Circo. Al final esos candidatos se han alzado con la victoria. Los candidatos de izquierda suelen presentar sus programas, explicar los problemas, ofrecer soluciones racionales (que puedan no cumplir, eso es otra cosa). Pero resulta que no tienen “pegue” en un buen sector del electorado que espera, como en los programas de entretenimiento, que haya alguna humorada así sea chirle o imbécil, una cachetada por lo menos verbal, o algo espectacular que incite, que excite como un gol o un knockout. El mejor ejemplo de este comportamiento electoral se observó en Colombia.
El candidato de derecha (Abelardo de la Espriella) es un ciudadano colombiano-estadunidense conocido por litigar en favor de empresas y empresarios corruptos y dedicados a lavar dinero, grupos paramilitares y personajes de la élite colombiana víctimas de delitos penales. Se le conoce también como un exitoso empresario creador de una línea de ropa de lujo para hombres. Sin mayores antecedentes políticos, pero con una clara mentalidad patronal, De laEspriella resultó triunfador en los pasados comicios.
Iván Cepeda, un político de izquierda con una probada trayectoria en favor de causas sociales y un programa racional que daría solución a los grandes problemas de la mayoría colombiana, perdió por un margen mínimo y gracias a las maniobras de Trump y la oligarquía colombiana, su aliada. ¿Sirvió de algo la pedagogía desplegada por Gustavo Petro desde la presidencia de Colombia como para apuntalar decisivamente al candidato de izquierda? No.
La derecha, por voz de su candidato, lanzó con todo desparpajo cubetazos de mierda al rostro de la plebe: anuncio de la pérdida de los derechos de los trabajadores y amenaza de represión si se manifiestan en contra de su política; promesa de apoyo decidido a los empresarios y al eje Israel-Estados Unidos; conformación de un cuerpo paramilitar para intervenir en el orden público, así como la entrega de territorio colombiano al trumpista Plan Cóndor II para dominar sin límites a nuestra América. Ese electorado pidió más de esos cubetazos espectaculares. Más circo, aunque haya menos pan.