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La misoginia también es nuestra
Noticia publicada a
las 01:50 am 04/07/26
Por: Jorge Carrillo Olea.
La misoginia en México tiene raíces históricas profundas y se manifiesta en prácticas sociales, culturales, económicas que colocan a las mujeres en una situación de desventaja respecto a los hombres. Para comprenderla, es útil analizar tres aspectos: sus causas históricas, las estadísticas actuales y las políticas públicas para combatirla. No es un tema ajeno, nos atañe a todos.
En las últimas décadas, México ha desarrollado leyes e instituciones para combatir la violencia y la discriminación contra las mujeres, como el Instituto Nacional de las Mujeres y en la administración actual la creación de la Secretaría de las Mujeres, poniéndola a cargo de una muy distinguida luchadora social, Citlalli Hernández, quien a 18 meses de gestión fue sustituida por Laura Itzel Castillo, otra defensora social de nombre.
La misoginia puede manifestarse de diversas formas:
–Discriminación laboral: menores oportunidades de ascenso, brechas salariales o exclusión de ciertos puestos.
–Violencia de género: agresiones físicas, sicológicas, sexuales o económicas.
–Acoso y hostigamiento: en espacios públicos, laborales, educativos o digitales.
–Estereotipos de género: creencias que limitan el papel de las mujeres a determinadas funciones sociales.
–Feminicidio: asesinato de mujeres por razones de género, considerado un problema grave en México.
Para tener una referencia histórica de ella es necesario recordar que ha existido una herencia prehispánica y colonial.
Algunas sociedades prehispánicas tenían una división de género del trabajo que asignaba funciones diferenciadas a hombres y mujeres.
Durante el periodo colonial español se consolidó un modelo patriarcal influido por la religión católica, donde el hombre era considerado jefe de familia y la mujer debía obediencia al padre o al esposo.
La educación femenina se orientó principalmente al matrimonio, la maternidad y las labores domésticas.
Ya en el siglo XX, en México las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1953 en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, pero han persistido patrones culturales conocidos como “machismo”, que asociaba este género con limitaciones para ser elegidas, o sea que la mujer podría sufragar, pero no ser objeto de una votación, privaban la masculinidad con autoridad y dominio.
La incorporación masiva de las mujeres al trabajo y a la educación generó avances, pero también resistencias sociales y discriminación. Ejemplo de ello es el reciente caso del doctor Víctor Rodríguez Padilla, ex director de Pemex, que ha sido exhibido en periódicos y redes golpeando violentamente a su mujer.
En el examen de la misoginia no puede estar ausente el machismo, porque se influyen en forma recíproca: el machismo es una actitud o conjunto de creencias que considera que los hombres deben tener una posición dominante sobre las mujeres. Se manifiesta en actitudes, normas sociales y comportamientos que asignan roles tradicionales y desiguales a hombres y mujeres; el machismo puede que favorezca la misoginia.
En términos sociológicos, el machismo puede entenderse como un sistema de dominación de género, mientras que la misoginia es una actitud o práctica que ayuda a mantener ese sistema mediante la desvalorización de las mujeres.
Algunos breves datos estadísticos son relevantes, veamos: la violencia de género es uno de los principales indicadores de la persistencia de la misoginia. La Endireh (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares) reportó que aproximadamente siete de cada 10 mujeres de 15 años o más han experimentado al menos un incidente de violencia a lo largo de su vida. Entre las formas más frecuentes se encuentran la violencia sicológica, económica, física y sexual.
En 2024, el INE registró 209 quejas relacionadas con violencia política contra las mujeres debido a género durante el proceso electoral. El Secretariado Ejecutivo publica mensualmente estadísticas sobre feminicidios, violencia familiar, lesiones dolosas y llamadas de emergencia relacionadas con violencia contra las mujeres. Sin embargo, diversos análisis señalan que la impunidad sigue siendo uno de los factores que dificultan la reducción de la violencia feminicida.
Las principales políticas públicas en México son: la creación del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y la tipificación del feminicidio en los códigos penales.
Los principales programas e instrumentos que se le han puesto a favor de la mujer son: Alertas de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM), Centros de Justicia para las Mujeres, refugios para mujeres víctimas de violencia y sus hijos, programas de igualdad sustantiva y transversalización de la perspectiva de género y sistemas de indicadores para medir la violencia contra las mujeres.
La misoginia en México no es únicamente una actitud individual, sino un fenómeno histórico y estructural relacionado con el patriarcado, el machismo y la desigualdad de género. Aunque en las últimas décadas se han creado leyes e instituciones especializadas para combatirla, las estadísticas muestran que la violencia y la discriminación contra las mujeres siguen siendo problemas relevantes.
Es oportuna esta reflexión ante el reciente caso de Rodríguez Padilla para revelar que el fenómeno de la misoginia está en todas partes y ahí es donde debe combatirse.
carrillooleajorg@gmail.com