Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
Trabajar para vivir… apenas
Noticia publicada a
las 01:42 am 17/06/26
Por: Darío Celis.
Hay algo que está rompiendo con el silencio en el mercado laboral mexicano, y es un desgaste continuo que hoy se puede medir. Casi 60 millones de personas forman parte de la Población Económicamente Activa, pero eso no se traduce automáticamente en mejores condiciones.
Desde el discurso público, particularmente el de la Secretaría del Trabajo,
que dirige Marath Bolaños, han dicho que las reformas para limitar la subcontratación, incrementos sostenidos al salario mínimo y regulaciones como la NOM-035 apuntan, en teoría, a mejorar la calidad del empleo y el bienestar laboral. Sin embargo, cuando se observan los datos duros, la realidad es menos favorable.
De acuerdo con un estudio de Pluxee, la formalidad laboral sigue estancada, es más, incluso retrocede de 45.5% a 45.0%, y el salario promedio formal, lejos de consolidarse, disminuye de 7 mil 879 a 7 mil 489 pesos en sólo un año. No es una percepción: el ingreso pierde fuerza, y eso redefine lo demás.
Incluso desde el sector privado ya se reconoce el cambio. De acuerdo con el estudio, el colaborador mexicano está priorizando la estabilidad financiera, la liquidez inmediata y los beneficios tangibles por encima de aspiraciones profesionales. No es algo aspiracional, es una reacción directa a la presión económica.
Por eso 39.2% de los trabajadores afirma que trabaja principalmente por el sueldo, mientras que prestaciones como vales de despensa con 41%, fondo de ahorro con 32% y apoyo de transporte con 22%, se vuelven centrales en la decisión laboral. No son incentivos, son extensiones del ingreso.
Factores como desarrollo profesional, liderazgo o pertenencia pierden peso, no porque sean irrelevantes, sino porque dejaron de ser determinantes. La satisfacción laboral se mantiene en 50%, pero el vínculo con la empresa se vuelve funcional, sin mayor implicación.
Esa lógica también explica la rotación: 43% de los trabajadores considera dejar su empleo, aunque sólo 16% lo busca activamente. No hay ruptura inmediata, pero sí disposición a moverse ante una mejor oferta, ya que 56% lo haría por un mejor salario y 50% por mejores prestaciones.
Aquí aparece otra discordancia con la política pública. Mientras regulaciones como la NOM-035 intentan atender el bienestar emocional, el estrés laboral se mantiene en 34% y escala a 41% en jornadas mayores a ocho horas. La norma existe; el efecto, no tanto.
Tampoco la modernización ocurre al ritmo que se plantea. A pesar del discurso sobre flexibilidad y transformación, 71% de los trabajadores sigue en un esquema totalmente presencial, con modelos híbridos o remotos casi inexistentes.
El mercado laboral no está evolucionando como se cuenta, sino ajustándose como puede. Y ese ajuste tiene la constante del ingreso. Cuando pierde fuerza, todo lo demás se reorganiza alrededor de él.
Reducir la conversación a estabilidad contra aspiración simplifica el problema. En realidad, cuando el margen económico se estrecha, la elección se cancela. Primero se resuelve lo urgente. Lo demás: crecimiento, desarrollo, pertenencia, queda condicionado.