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Un ropero lleno de cadáveres
Noticia publicada a
las 03:36 am 16/06/26
Por: Mario Alberto Mejía.
Un rescate financiero por 40 mil millones de dólares bien vale una presidencia.
Ésa fue la lógica de Ernesto Zedillo una vez que acudió ante el presidente Clinton luego del colapso provocado por la ineptitud de su secretario de Hacienda en la trama denominada ‘el error de diciembre”, también llamada ‘efecto tequila’.
Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum nos recordó a todos cómo se movían las cosas en Palacio Nacional cuando el PRI gobernaba este país.
Ya sabemos que Pedro Aspe, titular de Hacienda con Carlos Salinas, dejó prendida la economía mexicana con unos alfileres, mismos que quitó, por ahí del 20 de diciembre de 1994, Jaime Serra Puche, ministro de Hacienda de Zedillo.
Si alguien quita unos alfileres ya sabemos lo que pasa.
Se caen unos recibos o unas fotos, o la economía entera.
Eso fue lo que pasó.
Desesperado, Zedillo tocó las puertas de Clinton y le planteó el rescate.
El presidente de Estados Unidos dijo que sí, pero condicionó el apoyo a cambio de que Zedillo empezara a cantarle Las Golondrinas al PRI y le abriera las puertas a la oposición.
Es decir: al PAN.
El presidente de México aceptó de inmediato.
Cómo olvidar que los priistas le daban urticaria.
El eterno Fidel Velázquez, por ejemplo, le producía caspa y asco.
Y qué decir de los priistas que venían del mesozoico y del lopezportillismo.
El propio Colosio le generaba calosfríos ignotos.
Zedillo, pues, aceptó las condiciones y, al decir de Labastida (en un libro que escribió) empezó a generar una gran trama que culminó con la caída (en cámara lenta) del Partidazo.
El Congreso estadunidense no aprobó el rescate por 40 mil millones dólares a México, por lo que Clinton recurrió a un rescate directo por la mitad a través del Fondo de Estabilización Cambiaria.
El plan antiPRI siguió su marcha.
Ahora se entiende a cabalidad lo que Zedillo quería decir cuando les dijo a los priistas que entre su gobierno y ellos privaría una ‘sana distancia’.
Así se manejaban quienes ahora critican a la presidenta Sheinbaum y enarbolan banderas de nacionalismo, amor a la Patria y honestidad.
Son los mismos que quieren meter al país agentes de la CIA encubiertos.
Los mismos que protegieron a los progenitores de quienes hoy manejan los cárteles de las drogas.
Los mismos que tienen a la mano el cuchillo cebollero y que sueñan, ufff, con una invasión de las tropas estadunidenses a territorio mexicano.