Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
El Holismo y Jan Smuts
Noticia publicada a
las 03:17 am 12/06/26
Por: Jorge de Jesús "El Glison".
En 1926 el estadista y filósofo sudafricano Jan Smuts publicó su libro Holismo y Evolución, creando el concepto filosófico que lleva el nombre de su libro, y el cual cumple 100 años de haberse reiniciado en esta época moderna, ya que, históricamente, realmente el primero en escribir sobre este concepto fue Aristóteles en sus escritos sobre metafísica.
El holismo, del griego “hólos”, que significa: “todo”, “por entero”, “totalidad”, es una posición metodológica y epistemológica que postula cómo los sistemas (ya sean físicos, biológicos, sociales, económicos, mentales, lingüísticos, etc.) y sus propiedades deben ser analizados en su conjunto y no sólo a través de las partes que los componen. Pero aun consideradas estas separadamente, analiza y observa el sistema como un todo integrado y global, que en definitiva determina cómo se comportan las partes, mientras que un mero análisis de estas no puede explicar por completo el funcionamiento del “todo”.El holismo considera que el “todo” es un sistema más complejo que una simple suma de sus elementos constituyentes o, en otras palabras, que su naturaleza como ente no es derivable de sus elementos constituyentes. De la misma manera, el “todo” no podrá explicarse en ausencia de alguna de sus partes. El holismo defiende el sinergismo entre las partes además de la individualidad de cada una.
Jan Smuts nació el 24 de mayo de 1870 en la granja familiar Bovenplaats, en la Colonia del Cabo, actual territorio de Sudáfrica. Hacia 1895, a la edad de 25 años, el joven Jan Smuts era un prodigio intelectual absoluto, graduado con los más altos honores en la Universidad de Cambridge. Sin embargo, detrás de esa mente brillantísima se escondía un individuo impetuoso, frío y emocionalmente distante. Quienes lo conocieron en esa etapa de su vida lo describían como un hombre insensible, un puritano austero atrapado en la rigidez de sus propios conceptos teóricos.
Para Smuts, el mundo se dividía en absolutos morales y nacionalismos fervientes. Su mirada estaba puesta exclusivamente en el deber, las leyes y una defensa apasionada de la identidad afrikáner, desprovista de cualquier empatía hacia las complejidades del factor humano. Era, en esencia, una parte aislada que pretendía imponer su lógica racional al todo, operando desde un ego intelectualizado que despreciaba la vulnerabilidad. Las acciones de sus primeros años en la vida pública reflejaban esta desconexión: discursos incendiarios, una actitud altiva y una fe ciega en que la fuerza de las ideas puras bastaba para someter la realidad, sin importar el costo emocional o social.
El gran punto de quiebre en la vida de Smuts ocurrió con el estallido de la Segunda Guerra de los Bóeres (1899-1902). Smuts asumió el mando de comandos guerrilleros, cabalgando miles de kilómetros por las estepas sudafricanas, enfrentando de primera mano el hambre, el frío extremo, la pérdida de sus hombres más leales y la devastación absoluta de su tierra. Fue en el crisol de la guerra donde el intelectual insensible murió para dar paso al hombre real. Las largas noches compartiendo el sufrimiento crudo de los soldados y presenciando la tragedia humana en ambos bandos, quebraron su armadura. El dolor no lo volvió cínico ni lo llenó de amargura; al contrario, operó en él una transmutación radical. Descubrió que la rigidez ideológica se resquebraja ante el peso de la realidad viva y que el rencor sólo conduce a la autodestrucción. El joven impetuoso mutó en un hombre de mediana edad que entendía la necesidad imperiosa de la reconciliación. Su actitud cambió por completo: de buscar la victoria absoluta y el aplastamiento del rival, pasó a buscar la síntesis, la diplomacia y la paz. Su esencia se había suavizado, no por debilidad, sino por una nueva e inmensa fortaleza interna nacida de la empatía.
Este drástico giro en sus formas y pensamientos, se reflejó de inmediato en su madurez. Al término del conflicto, Smuts trabajó incansablemente para unir a los antiguos enemigos –británicos y bóeres– en la creación de la Unión Sudafricana. Entendió que las partes en conflicto debían integrarse en una entidad superior si querían prosperar. Su mente, antes fragmentada y sectaria, comenzó a vislumbrar un patrón universal de unificación.
En el nuevo pensamiento de Smuts, el universo no era un conjunto de átomos mecánicos, separados y en guerra, sino un organismo vivo en constante evolución hacia la integración. Y esta regla aplicaba idénticamente al plano de la sicología humana: el individuo, al madurar y procesar sus vivencias, debe transmutar su egoísmo aislado para reconocerse como parte de una comunidad, de una nación y, finalmente, de la humanidad entera. La evolución ya no era sólo un concepto biológico, sino un imperativo del desarrollo humano.
Armado con esta cosmovisión holística, Smuts llevó su pensamiento a la arena internacional. Ya no era el líder de una facción local; se había transformado en un estadista global. Fue el único hombre que participó firmando los tratados de paz que dieron fin tanto a la Primera como a la Segunda Guerra Mundial, y jugó un papel crucial en la creación de la Sociedad de Naciones y, posteriormente, en la redacción del preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas.
En la próxima columna desglosaremos como las luces de su vida y pensamiento lo guiaron hasta llegar a ser el Primer Ministro de Sudáfrica.