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Se incendia la pradera
Noticia publicada a
las 02:23 am 01/06/26
Por: Jorge Carrillo Olea.
Escribo con profundo interés y respeto. Lo hago con objetividad y reflexión. Es esa intención la que me permite usar el título que he escogido para este texto. Sí, arde el pasto, no sólo nuestros metafóricos pastos, si no los de la mitad del mundo al menos. Pocas veces, de no ser las dos grandes guerras y otros graves conflictos regionales,
el mundo ha estado al borde de tal desconcierto y poca esperanza.
Pero nuestros pastos son nuestra primera preocupación y ellos arden incendiados por la vulgaridad, ignorancia y avaricia de conspicuos dirigentes nacionales. Pocos países de mediano desarrollo como el nuestro podrían ofrecer al mundo una exhibición de mediocridad política y ausencia de ética como la que estamos proyectando.
Todos los días, las noticias de una nueva lamentación hace desaparecer el peso negativo del naufragio anterior. Todos los días nos amanece un cielo cargado de bajezas. A diario los ruines anuncian y cumplen que ese día será peor que el de ayer. Son realmente fatigosos. Esta es una situación anímica cotidiana porque la verdad de fondo, la que debiera angustiarnos más, es el conjunto de desdichas que están conduciendo al país por rutas al imposible retorno.
Nos hunde la rusticidad de la conducta de quienes debieran ser admirables. Su mediocridad es la peor muestra de la conducta humana, no otra cosa y en ella estamos y agregase a ello su exhibicionismo. El Poder Ejecutivo da muestras también de una suerte de desacomodo de piezas o insuficiencia de éstas. Ya hubo la primera baja, Juan Ramón de la Fuente, que en meses desdijo toda idea de pericia y Mario Delgado quien parece pedir que lo manden a Colima, no como gobernador, si no a repetir la primaria y qué decir del ex director de Pemex. Personajes que son una oprobiosa señal de una tremenda borrasca ya vecina.
A ese poder lo conduce alguien respetable en lo personal, Claudia Sheinbaum, con dotes de equilibrista entre arrojo y prudencia que le han permitido transitar año y medio año de su gestión entre severas convulsiones de carácter creciente. Cada día el fuego cubre más pradera contradiciendo sus argumentos que ella cree justas defensas de la patria. El meollo de esto es el decidirse a no liquidar el pasado cuyas facturas la está arrinconando. Su sentir para actuar así es su razonable temor por crear un caos nacional con la revelación de pecados mayores de quienes ayer se hicieron pasar por semihéroes de la patria, que quizá tema como a un derrumbe.
Cada día, cada mañanera, exhibe una postura que muestra que está ensimismada en ideas que la hacen rondar como explicación única en que está defendiendo a la patria a cualquier costo. Lo que pudiera ser dramático es que la lectura de ello es que por razones que sólo ella conoce está protegiendo a delincuentes. Ya no hay duda, se acabaron las opciones gratas, hoy debe escoger y dirigir el mal menor, el reloj no perdona, cada día el cerco se estrecha.
En el frente de Trump, la Presidenta está haciendo todo un ejercicio de cordura y serenidad ante el bárbaro que hace poco la llamaba “mujer maravillosa”, pero que ahora en un documento de 190 páginas advierte ¡ahí les voy! Pero esa actitud ya no vale, la amenaza Trump va más allá. Lo que ayer era soportable hoy ha sido rebasado. Y eso es una amenaza terrible que, creo, no se ha valorado contrastándola con nuestras debilidades humanas e institucionales.
Alguien, no sé quién, debería estar estudiando qué amplio significado tiene la palabra “militar” que es el sustantivo de la amenaza. Queda claro que no se le supone un remedo de la Expedición Punitiva de 1916, no. Entonces cuáles serían las modalidades que potencialmente tendría tal agresión y quienes y cómo la confrontarían. Y ante tan tremendo conflicto no acabamos por definir cómo reaccionar, Trump ha dado a la relación bilateral las formas de lucha entre titanes donde sólo él blande un garrote (big stick) que va en vías de romper hasta los vasos del templo.
Eso hace complejo el asumir posturas. La frase que no se quiere escuchar es: se nos acabó el tiempo, ya no hay plazo para delicias académicas, mesas de debate o simples tazas de café. Todo eso vale, pero en su dimensión, de lo que hoy se trata es de formular científicamente el estudio actual de la situación, precisar la agenda de riesgos y formular respuestas puntuales a cada uno y en cada materia.
Si esto fuera lo actual, dónde, quién, está pensando en el México en el tiempo de pasado mañana, en el país anhelado y viable del año 2030 o más. Ese sí que es un deber estratégico, meritorio del calificativo. El mañana deseado no es el que viene como nuevo amanecer. Estamos obligados a definir lo deseable, esforzarnos por lo posible y todo con su cómo y con su quién. ¡Me atrevo a pronosticar una severa borrasca!