Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
Sheinbaum: ni jefa de Estado ni jefa de partido
Noticia publicada a
las 03:37 am 26/05/26
Por: Juan Manuel Mecinas.
La primera señal fue espantosa en términos de mando: la presidenta viajó a Palenque después de que Estados Unidos solicitara la extradición del gobernador Rocha Moya. De todos los rincones del mundo, escogió el terruño del expresidente López Obrador.
La segunda imagen es todavía más preocupante: Rocha desafía a la presidenta y se envuelve en la bandera de Morena: no es contra mí,
sino “contra el movimiento”. Es la derecha internacional que busca desestabilizar a un movimiento “puro”, limpio y sin mancha. Solo le faltó agregar: “si caigo, caemos”.
Para Sheinbaum, la única ecuación democrática y de fortalecimiento institucional es castigar a Rocha y dar un giro a la política mexicana. Pero todos sabemos que Sheinbaum no lo hará porque Rocha es “uno de ellos”, uno de los consentidos de López Obrador; uno de sus hermanos.
López Obrador no visitó por casualidad Sinaloa durante más ocasiones que las veces que acudió a cualquier otro estado del país. Y no es casualidad que haya estado seis veces en Badiraguato, tierra del Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa. Ahora que vuelve a salir a la luz que el cartel de Sinaloa operó la elección de 2021 a favor de Rocha Moya, nadie puede pensar que el presidente no sabía de los acuerdos de Moya con el crimen organizado para favorecerlo en la elección en la que AMLO lo impuso como candidato.
En este embrollo, Sheinbaum no se comporta como jefa de Estado. No extradita a Rocha ni le muestra los colmillos de la maquinaria estatal. Antepone los intereses de López Obrador y de Morena a los del Estado mexicano y su fortalecimiento. Bajarlo de la gubernatura no significa imponerse, porque Rocha dejó al frente a su gente; y citarlo en la Fiscalía es solo una aspirina en medio de un cuadro de neumonía.
El único lugar digno de Rocha es la prisión mientras se le juzga. No solo porque este gobierno ha ampliado hasta la ignominia la prisión preventiva oficiosa, sino porque Rocha tiene los medios y los contactos suficientes para fugarse del país y desaparecer. Además del riesgo de que lo “desaparezcan”.
El problema para Sheinbaum y su equipo es que juzgar a Rocha, llevarlo a prisión y condenarlo por los pactos con el crimen organizado es a su vez aceptar que uno más de los gobernadores más cercanos a AMLO (el otro es Adán Augusto) tuvo ligas con los cárteles del narcotráfico. La vía más razonable -juzgar a Rocha en territorio mexicano por delitos cometidos aquí- es aceptar que no es la derecha internacional quien está detrás de las acusaciones contra Rocha, sino que fue la vulgar ambición de poder lo que movió a Rocha -y en su caso a Adán Augusto-, a pactar con el crimen organizado. En resumen, que los morenistas no son tan diferentes a los prianistas.
Por todo ello, una jefa de Estado tendría que apostar por el fortalecimiento de la fiscalía y el apoyo a los jueces para juzgar con todas sus consecuencias a un personaje como Rocha. Por el contrario, Sheinbaum se parapeta en la bandera de la soberanía y acusa un complot para debilitar al Estado mexicano, debilitamiento que en todo caso se consumó si se confirma en tribunales lo que el periodismo sinaloense denunció en 2021: que el cartel de Sinaloa operó a favor de Rocha.
La presidenta no apuesta por juzgar sin consideración alguna al “hermano” de López Obrador. Al contrario: exige pruebas del involucramiento de Rocha con el cártel de Sinaloa. No le basta el ruido de las cosas al caer (parafraseando a Juan Gabriel Vázquez). No le bastan los indicios de la reunión en la que fue sustraído el Mayo Zambada y llevado a Estados Unidos (reunión a la que asistiría Rocha). No le basta el montaje de la muerte del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, quien se entrevistaría con Rocha en presencia del Mayo. No le bastan los reportajes de Riodoce donde se documenta la operación del cartel de Sinaloa a favor de Morena. Una frase retumba en el artículo más reciente publicado en el propio Riodoce al respecto:
“Rubén Rocha es la fase superior de la gobernanza criminal iniciada en el priismo”.
Ante esa fase superior de gobernanza criminal, de priismo convertido en Morenismo, la presidenta no actúa como jefa de Estado.
Y tampoco actúa como jefa de partido. Lo mínimo que debió hacer Morena es expulsar a Rocha del partido. Sheinbaum, por su parte, no solo no alentó su expulsión, sino que lo arropó. La presidenta se sigue comportando como activista que sigue las órdenes de López Obrador. O eso parece.
Juzgar y sancionar a Rocha sería enfrentarse con el expresidente. Sheinbaum apuesta por todo lo contrario: lo protege. Como una loba defendiendo a su manada y marcando su territorio. Su apuesta tiene un componente perdido: el pueblo de México. De ese concepto no se ha acordado la presidenta en las últimas semanas, y ni qué decir en los últimos dos años en Sinaloa. Desde que Rocha se iba a entrevistar con El Mayo y este fue sustraído por los chapitos para entregarlo al gobierno norteamericano, más de 2,400 personas han perdido la vida y otro tanto igual están desaparecidas en Sinaloa. Solo desde hace dos años.
Y la presidenta pide pruebas porque las que están sobre la mesa no le son suficientes.
Como bien dijo el gran José Saramago: hay “ciegos que pueden ver, pero no miran”.