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Hiperconcentración de la riqueza: el verdadero mal
Noticia publicada a
las 02:22 am 25/05/26
Por: Editorial/Jornada.
De acuerdo con el Atlas del Mundo Offshore, ciudadanos mexicanos poseen fuera del país una riqueza equivalente al 9 por ciento del producto interno bruto del país (PIB); es decir, del valor total de los bienes y servicios finales producidos durante un año. Se trata de alrededor de 3 billones 267 mil millones de pesos, comparables con el 78 por ciento de la deuda externa de México.
El Atlas, una iniciativa del Observatorio Fiscal de la Unión Europea para mejorar el debate mundial sobre la evasión y la elusión fiscal, muestra que recursos por 1.7 del PIB nacional se encuentran en Suiza, lo cual es un poderoso indicador de que el motivo principal para fugar todos esos recursos no es ni la incertidumbre jurídica ni la inestabilidad interna (pretextos habituales de las clases pudientes), sino la voluntad de defraudar al Estado los impuestos correspondientes.
Pese a que la cifra es colosal, debe remarcarse que las acciones, bonos, participaciones en fondos de inversión y depósitos bancarios asociados detectados por la UE son apenas una fracción de la riqueza concentrada por ricos y ultrarricos. Por ejemplo, se estima que en 2025 inversionistas mexicanos adquirieron inmuebles por valor de 4 mil 400 millones de dólares (76 mil 296 millones de pesos) sólo en Estados Unidos, y se sabe que en años recientes los más acaudalados han hecho de España el destino predilecto de sus capitales. además, el estudio no habla ni del valor de los activos que poseen dentro de México ni de aquellos que tienen en el exterior y que no fue posible rastrear.
La magnitud de estas fortunas es sólo una instantánea, pues para captar el significado del fenómeno es necesario atender también a la velocidad con que han crecido. Datos del Departamento del Tesoro estadunidense actualizados a febrero muestran que entre enero de 2020 y el mismo mes de 2026 la tenencia de mexicanos en valores de Estados Unidos pasó de 80 mil 55 millones de dólares a 237 mil 420 millones; un salto de 196.6 por ciento. En esos ocho años, el PIB nacional avanzó apenas 3.87 por ciento. La disparidad entre el crecimiento general y el de las grandes fortunas no es un fenómeno local. La organización Oxfam encontró que entre 2020 y 2023 casi dos terceras partes de toda la riqueza nueva generada en el planeta fueron acaparadas por el uno por ciento más pudiente, mientras 99 por ciento de la humanidad debió repartirse un tercio de la riqueza. Incluso esa imagen es engañosa, porque el 10 por ciento más rico se queda casi todo lo que no se apropia ese uno por ciento.
La conclusión es clara y conocida por más que se empeñen en ocultarla. Los propagandistas del neoliberalismo, incluidos académicos que deberían avergonzarse por los sesgos y conflictos de intereses de sus análisis falsamente científicos. En ausencia de políticas efectivas de redistribución de la riqueza, el crecimiento económico podría duplicarse o decuplicarse sin que las personas en situación de pobreza reciban beneficios perceptibles de la bonanza nominal, pues el modelo que estructura las finanzas planetarias está diseñado para transferir capital de la base hacia la cima de la pirámide socioeconómica. Por ello, antes de aplicar políticas que sacrifican derechos humanos y garantías sociales en aras del “crecimiento”, es imperativo corregir las injusticias sistémicas por las cuales la riqueza generada por todos es monopolizada por unos cuantos.