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Un presupuesto cada vez más comprometido
Noticia publicada a
las 02:03 am 22/05/26
Por: Darío Celis.
Los números del erario al primer trimestre de 2026 dejan ver una tendencia en que el Gobierno federal, encabezado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que encabeza Édgar Amador, opera con un margen cada vez más estrecho, mientras el gasto público se inclina hacia compromisos difíciles de ajustar.
Del lado de los ingresos, Hacienda no logró cumplir sus propias metas. El sector público captó 2.22 billones de pesos, por debajo de lo previsto. Aunque la diferencia no implica una ruptura, sí confirma una recaudación con menor dinamismo.
Aquí el Servicio de Administración Tributaria (SAT), de Antonio Martínez Dagnino, encargado de la política de ingresos, enfrenta un entorno en que los ingresos tributarios apenas cedieron, pero los petroleros siguen presionando a la baja.
El punto más delicado está en la relación con Petróleos Mexicanos (Pemex), bajo la órbita de la Secretaría de Energía (Sener), que dirigen Víctor Rodirguez y Luz Elena González Escobar, respectivamente. Los ingresos petroleros no sólo quedaron lejos de la meta, sino que el balance neto para el Estado fue negativo.
Es decir, lo que se obtiene de la petrolera resulta insuficiente frente a los apoyos que recibe. El petróleo, históricamente una fuente clave de financiamiento, terminó convertido en una carga fiscal.
Pero es en el gasto donde los números muestran la transformación más profunda. La SHCP administra un presupuesto en el que casi 4 de cada 10 pesos se destinan a pensiones y al costo financiero de la deuda. Las pensiones, gestionadas en gran medida por el IMSS y el ISSSTE, que ya absorben más de una cuarta parte del gasto. El pago de intereses, que Hacienda debe cubrir puntualmente, añade otra capa de rigidez.
En contraste, el espacio para apostar por crecimiento se reduce. La inversión física, donde participan dependencias como la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), la propia Sener o la Comisión Federal de Electricidad (CFE), cayó con fuerza. Este recorte no es trivial: impacta directamente en carreteras, energía, hospitales o sistemas de agua.
Incluso sectores prioritarios muestran señales mixtas. La Secretaría de Salud aumentó su gasto en términos reales, pero aún no recupera niveles de hace una década. La Secretaría de Educación Pública (SEP), que lidera Mario Delgado, por su parte, crece en monto, aunque su participación dentro del presupuesto sigue contenida.
El déficit sobresale. El balance público fue negativo en 179 mil millones de pesos, un dato que refleja la presión sobre las finanzas públicas. Aunque la deuda no se desborda, el espacio fiscal, lo que realmente queda disponible para nuevas políticas públicas, continúa reduciéndose.
En conjunto, estos datos señalan un cambio estructural en la operación del Estado mexicano. Hacienda administra un presupuesto cada vez más condicionado por obligaciones previas, mientras dependencias clave como Salud, Educación o Infraestructura compiten por recursos más limitados.
El resultado no es una crisis inmediata, pero sí una señal de que el Gobierno tiene menos margen para decidir hacia dónde gastar. Y cuando el margen se acorta, también lo hace la capacidad de incidir en el crecimiento económico.