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y ha encabezado dos episodios de injerencismo: en uno, se ha colocado al centro de las operaciones ilegales de la CIA en Chihuahua, y en el otro, ha celebrado las acusaciones de Washington contra el Gobernador morenista Rubén Rocha Moya por narcotráfico.
Ronald D. Johnson construyó por años una trayectoria marcada por su participación en conflictos internacionales y operaciones de inteligencia. Durante la década de 1980, por ejemplo, formó parte de los asesores militares estadounidenses en la guerra civil de El Salvador, donde colaboró con el Ejército en el combate a la insurgencia y en donde después se desempeñó como Embajador con la labor de combatir a las maras y la migración.
Años después de su papel como asesor militar en El Salvador, se integró a la CIA en misiones encubiertas, contraterrorismo y guerra no convencional “en países o escenarios hostiles a los intereses de la seguridad nacional”. Hoy su papel en México se ha visto marcado por el respaldo de la derecha opositora y por estos dos episodios de intervencionismo en los que ha participado activamente.
Ronald D. Johnson, Embajador de Estados Unidos en México, a su salida de Palacio Nacional; su gestión ha estado marcada por polémicas por presunto injerencismo y cercanía con la derecha.
En mayo del año pasado, por ejemplo, Johnson, fue el invitado de honor en una cena organizada por el ultraderechista Eduardo Verástegui, a quien llamó "su hermano". A la velada también asistieron su esposa Alina Johnson, Carlos Slim Domit y el cantante Emmanuel. “Que Dios los bendiga a todos ustedes. Gracias a México, a mi hermano Eduardo y a todos los presentes”, mencionó el Embajador durante la reunión, como quedó atestiguado en un video de la cena difundido por redes sociales.
Meses después, en julio, la American Society of Mexico organizó una cena de gala en su honor a la que acudieron los panistas Jorge Romero, Ricardo Anaya, Kenia López Rabadan, así como otros opositores como Lorenzo Córdova, José Ángel Gurría, pero también morenistas como Sergio Meyer, Emmanuel Reyes Carmona, y la exdirigente de ese partido y actual Senadora del PT Yeidckol Polevnsky.
La American Society of México, un grupo de derecha patrocinado por empresas de Ricardo Salinas Pliego, organizó la gala horas después de que Donald Trump anunciará aranceles de 30 por ciento a productos mexicanos que se envían a su país. “No es una amenaza, es una alerta estratégica. El 30 por ciento de arancel que se puede llegar a aplicar a partir del 1 de agosto es una consecuencia directa de la falta de acción efectiva en temas que impactan no solo el comercio, sino también la salud y la seguridad nacional de Estados Unidos y México”, defendió Larry Rubin, presidente de la agrupación.
El coronel Ronald D. Johnson, un boina verde que ha estado al frente en distintos conflictos bélicos del mundo y que trabajó con la CIA en labores de espionaje durante 20 años, habló en su oportunidad sobre cómo el propósito de Estados Unidos es “retomar el camino de la libertad con derecho, justicia y oportunidades económicas”, el cual expuso que “no será fácil ni ocurrirá de inmediato”. También habló de cómo la nueva era con Trump está “impulsada por un propósito muy claro: una responsabilidad compartida y un compromiso con un futuro más fuerte, seguro y próspero para Estados Unidos, pero también con nuestros socios y aliados”.
En los últimos días, Johnson dio más detalles de los objetivos que tiene Washington en México. Durante un evento en Sinaloa, Johnson pasó de hablar sobre una inversión millonaria en una planta de metanol, a cuestionar el impacto de la corrupción: “La corrupción no solo ralentiza el progreso, sino que lo distorsiona. Aumenta los costos, debilita la competencia y erosiona la confianza de la que dependen los mercados. No es un problema sin víctimas”, afirmó. “Y es un obstáculo directo para el crecimiento, la equidad, las oportunidades y el éxito a largo plazo de proyectos como este”.
El embajador dijo que el pacto comercial entre Estados Unidos y México “exige que nuestros gobiernos tipifiquen como delito el soborno y la corrupción, y que hagan cumplir los códigos de conducta de los funcionarios públicos”. Y luego señaló al concluir su intervención: “Es posible que pronto veamos medidas significativas en este sentido. Así que estén atentos”.
Días después de su mensaje, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una acusación penal contra el Gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; el Senador Enrique Inzunza Cázares, y otros ocho funcionarios y exfuncionarios estatales, a quienes Estados Unidos señala de colaborar con el Cártel de Sinaloa para traficar drogas hacia territorio estadounidense.
“Combatir la corrupción y la actividad criminal transnacional es una prioridad compartida para Estados Unidos y México. Nuestros países se han comprometido a fortalecer la transparencia, hacer cumplir las leyes anticorrupción y defender el Estado de derecho. Esto es lo que nuestros ciudadanos en ambos lados de la frontera quieren y, como lo he señalado en reiteradas ocasiones, es lo que merecen”, sostuvo momentos después de que se diera a conocer la acusación.
Su postura, no obstante, ha contrastado con el silencio que ha mantenido en relación a la presencia de agentes de la CIA en la sierra de Chihuahua, dos de los cuales perdieron la vida el pasado 19 de abril. “Lamentamos profundamente la trágica pérdida de dos miembros del personal de la Embajada de los Estados Unidos, del Director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua y de un elemento de dicha agencia en este accidente.”, escribió ese mismo día, y desde entonces ni la Embajada, ni Washington o la CIA han explicado la presencia irregular de los agentes que no tenían permiso para operar en el país.
Mikel Vigil, exagente de operaciones internacionales de la DEA, descartó que el Embajador estadounidense en México, Ron Johnson, no tuviera conocimiento de la presencia de agentes de la CIA en territorio nacional, pues por protocolo, dijo, debe estar enterado de cualquier operación de agencias como la DEA, el FBI, la CIA, etcétera.
“Yo estuve comisionado en la embajada americana cuando estuve trabajando en la DEA y cada mañana teníamos una reunión con el Embajador. Todas las agencias, por ejemplo, la DEA, el FBI, la CIA, la sección comercial y todo y tenías que informarle al embajador qué es lo que estaba haciendo cada agencia. Y él siempre decía que él tenía que saber todo, porque si no iba a ser una vergüenza para él si lo llamaban y no sabían qué estaba sucediendo en México”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que Johnson no sólo conocía las acciones, sino que fue “cómplice en violar la ley de seguridad nacional y la soberanía de México”.
México es el segundo país en el que Johnson se ha desempeñado como representante diplomático. En El Salvador trabajó con las autoridades de ese país para reducir los crímenes violentos y la inmigración. Rubén Zamora, un político de izquierdas que fue embajador de El Salvador en Estados Unidos y ante las Naciones Unidas, reseñó en El Faro, de El Salvador, cómo en su paso por este país su estrategia fue la de “acercarse lo más posible al Presidente (Nayib Bukele), ofrecerle apoyos y mantenerse alejado de lo que pueda ser tachado de oposición política al gobierno”.
“De allí su repetida presencia pública no solo en aquellos actos oficiales, que son obligatorios para todo el cuerpo diplomático, sino en otros actos, en los cuales no suele estar presente y mucho menos si son de carácter publicitario o se les da publicidad oficial, tales como las conferencias de prensa del presidente, la participación en actos puramente privados, como el bautismo de la hija del Presidente”, reseñaba en ese entonces Rubén Zamora. En su paso por El Salvador, en donde estuvo hasta 2021, recibió los dos premios más importantes de este país: la Gran Orden de Francisco Morazán y la Gran Cruz de Plata.
Antes de ser Embajador, en El Salvador dirigió, por ejemplo, operaciones de combate como uno de los 55 asesores militares autorizados durante la guerra civil en la década de 1980, en la que el Gobierno estadounidense equipó a la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) para combatir a los movimientos insurgentes en la región, particularmente al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Ya como Embajador también ayudaría a coordinar la lucha contras las maras y también contra la migración.
Años después dirigió despliegues en las zonas de guerra de Afganistán e Irak. Tanto aéreos, terrestres y marítimos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en la que trabajó a lo largo de 20 años, y estuvo a cargo de todas las operaciones de paracaidismo de la Agencia, es decir labores de espionaje. Johnson también se ha desempeñado como asesor del comandante del Comando Sur de los EU, el brazo responsable de Washington de conducir operaciones militares en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, el cual ha estado detrás del injerencismo estadounidense como ocurrió en años recientes cuando respaldó a Juan Guaidó como Presidente legítimo de Venezuela.
También fue enviado a los Balcanes en la década de 1990 como oficial militar de alto rango de un equipo integrado de la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia de Seguridad Nacional y el personal de la Unidad de Misiones Especiales para detener a personas acusadas de crímenes de guerra. Después de su carrera militar, Johnson cumplió una segunda carrera con la Agencia Central de Inteligencia y participó en experiencias operativas y de combate en todo el mundo en acciones integradas con unidades de misiones especiales.
A un año de su arribo a México, las operaciones de esa misma agencia se han echado a andar, como quedó demostrado con lo ocurrido en Chihuahua.
Fuente: Sin Embargo.
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