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El precio de los medicamentos, se convierten en sentencia de muerte
Noticia publicada a
las 02:29 am 04/05/26
Por: JC Mena Suárez.
México proyecta para 2026 la inflación médica más alta del mundo, muy por encima de su inflación general de 3.2 por ciento. Mientras los medicamentos para diabéticos e hipertensos superan los 1,500 y 1,800 pesos, lancetas y tiras reactivas desaparecen de las farmacias. La causa estructural está en la dependencia de sales e insumos importados para fabricar fármacos.
El resultado es brutal y cotidiano: enfermos crónicos que abandonan su tratamiento porque no alcanza. A eso, en las colonias de Saltillo, le llaman “un viaje adelantado”.
Hay una expresión popular que circula con amarga precisión entre quienes padecen enfermedades crónicas en México: “Nos están dando un boleto para un viaje adelantado”. No es metáfora literaria. Es la descripción exacta de lo que ocurre cuando un diabético descubre que sus tiras reactivas -ese pequeño insumo que recibe la gota de sangre de la lanceta y le dice cuánto azúcar tiene en el cuerpo- simplemente ya no están en las farmacias.
“No hay” o “ya no las hacen”, es la respuesta. Y sin ellas, medir la glucosa varias veces al día -lo que muchos pacientes necesitan para sobrevivir- se convierte en una visita al laboratorio privado que tampoco todos pueden costear.
La tesis que urge enunciar con claridad es esta: México proyecta para 2026 la inflación médica más alta del mundo, con los costos de atención sanitaria bajo una presión muy por encima de la inflación general del país, proyectada en 3.2 por ciento.
Ese dato frío tiene nombre y apellido en Coahuila: es la abuela diabética que deja de medirse porque las tiras ya no se consiguen; es el hipertenso que abandona su antihipertensivo porque pasó de costar 400 pesos, a rebasar los 1,700, y es el familiar que lo encuentra inconsciente semanas después.
Las muertes aceleradas por abandono de tratamiento no aparecen en los certificados de defunción como “consecuencia del precio del medicamento”. Aparecen como “paro cardiaco” o “complicaciones metabólicas”. Pero la cadena causal existe y es verificable.
El factor estructural que pocas veces se explica al público es el de la dependencia de principios activos -las sales e ingredientes base con los que se fabrican los medicamentos- provenientes de Asia, principalmente de India y China.
Esa cadena de suministro farmacéutico global, que México nunca diversificó ni sustituyó, es extraordinariamente sensible a cualquier tensión geopolítica o comercial. El INPC señala que los factores de aumento en medicamentos son en su mayoría externos: escasez de materias primas, alteraciones en las cadenas globales de suministro y sanciones en el comercio internacional.
El conflicto arancelario entre Estados Unidos y sus socios comerciales, la guerra en Medio Oriente y la volatilidad del dólar se traducen, con una precisión implacable, en el precio que el paciente lee en la caja del medicamento frente al mostrador de la farmacia.
En América Latina, la proyección apunta a que la región será la de mayor aceleración en costos médicos, con un incremento que sube de 10.5% en 2025 a 11.9% en 2026. Para Coahuila y la Región Sureste, cuya economía manufacturera está profundamente integrada al corredor industrial con Estados Unidos y que tiene una de las poblaciones laboralmente activas más expuestas a enfermedades crónicas por ritmos de trabajo intensivos, esto no es estadística abstracta.
Es la presión que siente un trabajador de la industria automotriz de Ramos Arizpe que gana un salario base y descubre que su tratamiento mensual para la hipertensión ya cuesta el equivalente a tres o cuatro días de trabajo.
La paradoja que nadie está viendo con suficiente urgencia es la siguiente: México ha apostado al nearshoring -la relocalización de cadenas productivas globales en su territorio- como motor de crecimiento económico, pero no ha aplicado esa misma lógica a la industria farmacéutica.
Relocalizar la producción de principios activos esenciales para medicamentos de uso crónico -antidiabéticos, antihipertensivos, anticoagulantes- reduciría la dependencia estructural que hoy convierte cada tensión en el comercio internacional en un encarecimiento en la farmacia de la esquina.
El próximo trimestre, si las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico persisten y el dólar sigue presionado al alza, los precios de los medicamentos para enfermedades crónicas seguirán subiendo.
Suspender o modificar un tratamiento por razones económicas puede provocar que una enfermedad avance o se vuelva más difícil de controlar, algo que los especialistas remarcan como uno de los grandes riesgos actuales.
La pregunta que el sistema de salud, la Cofepris, la SICT y los tres órdenes de Gobierno deben responder antes de que termine este año es si México tiene política farmacéutica de Estado o simplemente tiene farmacias. La diferencia entre ambas cosas se mide en vidas. Y en Saltillo, en Monclova, en cualquier colonia popular de Coahuila, ya hay familias que saben la respuesta.