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El negocio de vender a México
Noticia publicada a
las 03:23 am 03/05/26
Por: Diego Latorre.
La crítica honesta fortalece las instituciones. La crítica instrumentalizada las destruye. Y la diferencia entre una y otra no siempre es accidental.
México no es un Estado fallido. Es un Estado en disputa, tanto por el crimen, como por intereses externos e internos que prefieren un México débil, dependiente y agradecido, a uno que negocia de pie.
Cada vez que un funcionario cede información operativa sin proceso legal, cada vez que un operador político acepta financiamiento con condiciones ideológicas, cada vez que un medio reproduce sin filtro la narrativa que alguien más construyó con otro propósito, el territorio se cede sin que nadie cruce la frontera.
El pecado real de este gobierno, a ojos de ciertos actores, no es la inseguridad. Si así fuera, habrían exigido la misma rendición de cuentas durante los sexenios del PAN y del PRI, cuando los homicidios batían récords y las fosas clandestinas se descubrían por docenas. El pecado es haber dicho que no. Haber puesto condiciones. Haber recordado que la Constitución existe y que los tratados internacionales no sustituyen la soberanía nacional. Haber, en suma, actuado como si México fuera un país igual a cualquier otro, con el derecho a decidir sobre su propio territorio. Eso, en la lógica de quien ha operado décadas con acceso irrestricto, es una afrenta. Y las afrentas se cobran: con presión diplomática, con narrativas de Estado fallido, con financiamiento a actores internos dispuestos a degradar la legitimidad del gobierno desde adentro.
Cuando emergen escándalos como el laboratorio en Chihuahua, como la presencia de agentes extranjeros no autorizados, como incidentes de seguridad en sitios con carga simbólica, la pregunta correcta no es solo qué pasó sino a quién beneficia el timing de la revelación. Porque hay una diferencia fundamental entre la denuncia que busca verdad y la denuncia que busca daño político: existe una industria que, armada con un ejército de corresponsales, think tanks, “sociedad civil” y editoriales, llevan décadas construyendo el mismo relato: “México es un Estado fallido”, “el gobierno no puede”, “el gobierno no quiere”.
La soberanía es una defensa de todos los días. Se defiende con instituciones, con datos, con procesos. Pero también se defiende nombrando a quienes la erosionan desde adentro. Porque la amenaza más grave no llega con uniforme extranjero o siglas que dan escalofríos. Llega con acento local, y con la convicción de que vender el país por partes es, si se hace bien, un negocio sin consecuencias.
Hay una operación en curso. No es nueva, pero se ha intensificado. Su objetivo no es el narco. Su objetivo es un gobierno que, con todas sus imperfecciones y contradicciones, ha tenido la audacia de no obedecer… cooperar no es lo mismo que someterse. Compartir información de inteligencia no autoriza a ninguna potencia extranjera a operar en suelo mexicano como si la Constitución fuera un inconveniente burocrático.
La crítica honesta fortalece las instituciones. La crítica instrumentalizada las destruye. Y la diferencia entre una y otra no siempre es accidental.
Diego Latorre López
@diegolgpn