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Citlalli
Noticia publicada a
las 02:28 am 30/04/26
Por: Jaime Flores Martínez.
Presuntuosa en extremo al magnificar su pobre desempeño como titular de la Secretaría de la Mujer, la señora Citlalli Hernández Mora “se lame los bigotes” y está feliz de regresar a su zona de confort.
¡Hasta los más ingenuos saben que Citlalli no renunció porque es muy bondadosa!
Esos mismos ingenuos se preguntan ¿qué demonios hizo Hernández en pro de las mujeres violentadas o de aquellas madres buscadoras que reciben el desprecio de las autoridades?
Si acaso alguien ignora este tema, el columnista recordará que el jueves 17 se anunció que esta señora renunciaba a la Secretaría de la Mujer para incorporarse a MORENA como presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de ese partido.
Aunque algún despistado se preguntó por qué Citlalli abandonaría el Gabinete Presidencial a cambio de un puesto de “segundo nivel” en MORENA, la respuesta es que la promesa que habría recibido es la de ocupar la presidencia del partido guinda.
¡Comer tortas sin que nadie la moleste!
El asunto (pobremente abordado) es el pésimo papel de esta señora que hizo como secretaria de la dependencia que creó Claudia Sheinbaum para “defender” a las mujeres.
Esa Secretaría de la Mujer nació como un símbolo y prometía ser el rostro sensible de un gobierno que presume cercanía con las causas sociales.
A casi año y medio de distancia, esa dependencia está convertida en un cascarón político, pues esta señora dejó el cargo sin resultados tangibles y con más preguntas que logros.
Se va a su zona de confort (el partido MORENA), y el servicio público queda en segundo plano.
El balance es muy incómodo, pues Hernández Mora hizo un carajo para posicionar a la Secretaría de la Mujer como una institución eficaz frente a la crisis de violencia contra las mujeres.
México mantiene cifras alarmantes de feminicidios, desapariciones y agresiones, aunque la dependencia no construyó una política pública sólida, ni tampoco articuló esfuerzos con estados y municipios.
No generó mecanismos de seguimiento que ofrecieran resultados verificables.
El caso de las “madres buscadoras” retrata el vacío, pues colectivos de mujeres que buscan a sus hijos desaparecidos increpan al gobierno federal porque está claro que ellas hacen el trabajo que le corresponde al Estado.
Cavan con sus propias manos, invierten sus propios recursos y arriesgan la vida. Así, frente a ese escenario, la Secretaría de la Mujer optó por el silencio.
No hubo una estrategia (al menos visible) de acompañamiento integral y no hubo presión política suficiente para obligar a las autoridades a responder.
Hasta hoy no existen interlocución con la Presidencia, es decir, la presidenta no las ha recibido y Citlalli se volteó para otro lado.
Esta omisión resulta más grave si se considera el discurso oficial, es decir, la propia Sheinbaum aseguró que “llegaron todas”.
La frase intenta cerrar una herida abierta, aunque realidad la desmiente todos los días.
Esas madres buscadoras no celebran, no tienen tiempo para reclamar, aunque en cada oportunidad exigen justicia.
La Secretaría de la Mujer tenía la obligación de confrontar esa narrativa con datos, con acciones, con resultados y no lo hizo.
Citlalli Hernández tampoco construyó una agenda propia pues la impresión generalizada es que su gestión giró alrededor de la lógica partidista.
No hay duda que esta dependencia careció de autonomía política y el colmo del descaro es que funcionó como extensión del discurso oficial.
Al igual que la CNDH, la Secretaría de la Mujer no incomodó, no cuestionó ni tampoco exigió.
En un país donde las mujeres enfrentan violencia estructural, la neutralidad equivale a complicidad.
Los programas anunciados quedaron cortos y no hubo un rediseño profundo de los refugios para víctimas.
No se fortalecieron las fiscalías especializadas ni se transparentaron indicadores de impacto. La política pública requiere algo más que conferencias y declaraciones.
Requiere resultados medibles y esa secretaría no los presentó.
La salida de Citlalli confirma una sospecha: la dependencia nació más como apuesta política que como solución institucional. Su renuncia para integrarse a MORENA refuerza la idea de que el cargo sirvió como trampolín y el problema radica en el costo.
Las mujeres no necesitan símbolos sino protección efectiva, acceso a la justicia y políticas serias.
El gobierno de Sheinbaum enfrenta ahora una disyuntiva, pues puede mantener la simulación o puede corregir el rumbo.
La Secretaría de la Mujer exige liderazgo, autonomía y resultados pues sin eso proseguirá como una oficina más en el organigrama.
Alguien diría que es un espacio que, en ocasiones habla y resuelve poco.
Las madres buscadoras no piden discursos, piden localizar a sus hijos y esa exigencia no admite propaganda, aunque tampoco tolera indiferencia. Ahí se mide cualquier gobierno.
Ahí, la Secretaría de la Mujer falló.
Ah
Nadie aludió la majadera indiferencia de Citlalli el día que la venezolana María Corina Machado resultó ganadora del Premio Nobel de la Paz.
Mientras que las críticas se centraron en la presidenta Sheinbaum, la señora Citlalli se “quedó calladita” aunque no por eso “más bonita”.
Descanso
Este viernes primero de mayo será un día inhábil y Cicuta le informa que esta columna no se publicará ese día.
Sin embargo, el próximo lunes habrá Cicuta.
Feliz fin de semana.
Positivo
Qué bueno que la semana pasada se puso en marcha el programa “Cuidemos el Medio Ambiente, Cuidemos Tijuana”, el cual busca fortalecer la cultura ambiental y la promoción de la participación de la gente en el cuidado de nuestro entorno ambiental.
En ese evento el alcalde Ismael Burgueño insistió en la necesaria concientización sobre la cultura del reciclaje y la disposición de residuos, sin descuidar el cuidado de los elementos y espacios naturales.