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Viajar con miedo: la crisis silenciosa en las carreteras de México
Noticia publicada a
las 02:49 am 06/04/26
Por: Cuauhtémoc Betanzos Terroba.
En estos días de Semana Santa, México debería estar lleno de familias haciendo maletas, niños emocionados por salir y padres planeando el descanso. Debería ser un momento de paz. Pero no lo es.
Hoy, para miles de mexicanos, subirse al coche y tomar carretera no es sinónimo de libertad… es una decisión cargada de miedo.
Miedo a no regresar.
Miedo a encontrarse con un retén falso.
Miedo a que un trayecto de descanso termine en una tragedia.
Y ese miedo tiene nombre y apellido en estados como Puebla.
La autopista México–Puebla, una de las más importantes del país, parte del corredor que conecta el centro con el Golfo, se ha convertido en un símbolo de esta crisis. Ahí, se han llegado a registrar hasta cinco asaltos diarios en algunos tramos, además de la existencia de múltiples accesos irregulares que facilitan la operación del crimen.
No podemos pasar por alto que Puebla esté entre las entidades más peligrosas para el transporte de carga en todo México, formando parte de un corredor donde ocurre la mayor concentración de robos del país. Y el problema va más allá de los números.
Detrás de cada asalto hay historias que no siempre se cuentan: familias encañonadas frente a sus hijos, conductores abandonados en medio de la nada, transportistas que salen sin saber si volverán. Hoy, 8 de cada 10 robos en carretera se cometen con violencia, lo que confirma que no hablamos solo de delincuencia, sino de un fenómeno cada vez más agresivo.
La carretera dejó de ser camino… y se convirtió en riesgo.
Lo más preocupante es que esta situación se ha ido normalizando. Nos hemos acostumbrado a escuchar recomendaciones como “viaja de día”, “no te detengas”, “evita ciertos tramos”, como si la responsabilidad fuera del ciudadano y no del Estado.
Y ahí está el fondo del problema.
Porque garantizar la seguridad en las carreteras no es opcional. Es una de las funciones más básicas del Estado mexicano. Sin embargo, la respuesta ha sido reactiva, dispersa y claramente insuficiente.
México no puede resignarse a vivir así. Se necesita una estrategia real, no discursos.
Primero, una intervención focalizada en los tramos más peligrosos, como la México–Puebla, con presencia permanente y operativos basados en inteligencia. La Guardia Nacional no puede limitarse a patrullajes simbólicos; debe recuperar el control territorial.
Segundo, tecnología. Monitoreo en tiempo real, arcos de seguridad, drones y sistemas de detección que permitan anticipar el delito, no solo reaccionar cuando ya ocurrió.
Tercero, coordinación efectiva entre federación y estados. Hoy, las carreteras parecen tierra de nadie porque las responsabilidades están diluidas.
Pero hay algo más profundo que no podemos perder de vista. La seguridad no es solo una política pública: es la tranquilidad de una madre que lleva a sus hijos de vacaciones, es la confianza de un padre al volante, es el derecho de una familia a llegar a su destino sin miedo.
Hoy, en México, tristemente el derecho de libre tránsito no está garantizado. Y mientras no lo esté, no podemos hablar de un país en paz.