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La aritmética incompleta del poder
Noticia publicada a
las 02:54 am 09/03/26
Por: Carlos Zúñiga Pérez.
Cuando se anunció la creación de la Comisión Presidencial para la reforma electoral, el mensaje fue otro. Se habló de apertura, de foros técnicos, de diagnósticos amplios…
La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum nació marcada. No porque lo diga la oposición, sino porque sus propios aliados lo señalan:
es una iniciativa diseñada desde el poder y para el poder.
Cuando se anunció la creación de la Comisión Presidencial para la reforma electoral, el mensaje fue otro. Se habló de apertura, de foros técnicos, de diagnósticos amplios. El discurso sugería un proceso incluyente. La propuesta final, sin embargo, revela algo distinto: modificar reglas clave de representación y financiamiento justo cuando Morena domina el Congreso.
La consejera del INE, Dania Ravel, fue clara en entrevista: la iniciativa tensiona el principio de proporcionalidad y puede fortalecer la sobrerrepresentación. Traducido al lenguaje político: ampliar mayorías sin ampliar votos. No es un ajuste técnico; es una redefinición del equilibrio legislativo.
La modificación a la fórmula de plurinominales toca una fibra sensible. Guadalupe Acosta Naranjo, hoy dirigente de un nuevo partido, advierte que alterar ese mecanismo impacta directamente a las fuerzas minoritarias. Y en la propia coalición oficialista el nerviosismo es evidente. Arturo Escobar, del Partido Verde, reconoció que la propuesta no recogió todas las voces aliadas. No es un detalle menor: el Verde depende de la representación proporcional para sostener su peso legislativo. Cambiar la fórmula es cambiar su viabilidad.
Mientras tanto, el Instituto Nacional Electoral enfrenta presión presupuestal. En un país donde el dinero ilícito ha contaminado procesos electorales, reducir su margen operativo no es solo una decisión administrativa. Es una señal política.
Desde la oposición, Ricardo Anaya ha subrayado un punto incómodo: la reforma no fortalece los mecanismos para frenar el financiamiento criminal. Cambiar fórmulas sin blindar las elecciones deja un vacío.
En San Lázaro, Ricardo Monreal opera hacia dentro. El coordinador de Morena sabe que los 253 votos de su bancada no alcanzan para una reforma constitucional. Necesita al PT y al PVEM. En entrevista, marcó distancia de la idea de que el debate se reduzca a dinero y control, como sostuvo Arturo Zaldívar. El tono ha subido. Las defensas públicas conviven con negociaciones privadas.
Cuando una mayoría debe convencerse a sí misma, algo no estaba del todo resuelto. Morena insiste en que la reforma moderniza el sistema. Sus críticos hablan de regresión. Pero el dato político más revelador no está en la retórica, sino en la aritmética interna: la coalición gobernante no aparece cohesionada frente a una iniciativa que, en teoría, debería fortalecerla.
Si se aprueba sin cambios, confirmará que la ventaja coyuntural pesó más que el consenso democrático. Si se ajusta para retener aliados, evidenciará que el diseño original no convencía ni a quienes deberían respaldarla.
Las reglas democráticas no deberían escribirse desde la comodidad de la mayoría, porque el poder es transitorio. Y lo que hoy fortalece a una fuerza política, mañana puede convertirse en el límite que la contenga.
CARLOSZUNIGAPEREZ@GMAIL.COM
@CARLOSZUP