Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
ESTADOS UNIDOS LOS LLAMÓ TRAIDORES… MÉXICO LOS LLAMA HÉROES. Y SU HISTORIA TE VA A PONER LA PIEL CHINITA…
Noticia publicada a
las 02:13 am 24/02/26
Por: Redacción.
En 1846, cuando los cañones de Estados Unidos comenzaron a rugir contra México, muchos pensaron que la derrota era cuestión de tiempo. Un imperio avanzaba con pólvora, oro y disciplina. México sangraba, dividido, exhausto.
Pero nadie contaba con ellos.
No eran mexicanos.
No habían nacido bajo ese cielo ardiente.
No rezaban en español.
Eran irlandeses, alemanes, inmigrantes pobres que habían cruzado el océano buscando pan… y encontraron desprecio. En el ejército invasor los humillaban, se burlaban de su fe católica, los golpeaban, les pagaban menos que a los demás. Eran carne de cañón con acento extranjero.
Hasta que un día algo se quebró.
Cruzaron el río.
Se quitaron el uniforme azul.
Y eligieron otro destino.
Se cosieron en el pecho el verde, blanco y rojo.
Así nació el Batallón de San Patricio.
Un puñado de hombres contra un imperio.
Levantaron una bandera verde con un arpa irlandesa y la imagen de San Patricio bendiciendo su causa. Juraron defender una tierra que no era suya… pero que habían aprendido a amar en las calles polvorientas, en las iglesias humildes, en la mirada agradecida de la gente que los trató como hermanos.
Pelearon en Monterrey.
Resistieron en Cerro Gordo.
Se volvieron leyenda en Churubusco.
Allí, rodeados. Sin municiones. Con hambre. Con heridas abiertas.
Siguieron disparando.
Cuando algunos soldados mexicanos querían rendirse, ellos gritaban:
—¡No se rindan! ¡Sigan luchando!
Arrancaban la bandera blanca. Cargaban los cañones con manos ensangrentadas. Disparaban hasta que el humo les quemaba los pulmones.
Pero el enemigo era demasiado.
No cayeron por falta de valor… cayeron por exceso de balas.
Los capturaron.
Y entonces llegó el verdadero infierno.
Estados Unidos no los llamó soldados.
Los llamó traidores.
Hierro candente en la piel.
Latigazos que desgarraban la espalda.
Cadenas que mordían los tobillos.
Y a más de cincuenta… los condenaron a la horca.
Frente al Castillo de Chapultepec, los alinearon. Esperaron a que la bandera estadounidense subiera sobre la fortaleza. Y justo cuando el estandarte tocó el cielo…
Jalaron las cuerdas.
Murieron mirando cómo caía México… sin pedir perdón. Sin bajar la cabeza.
Sus últimas palabras fueron claras:
—Morimos por lo correcto.
Pero hay algo que casi nadie sabe.
La noche antes de las ejecuciones, uno de ellos recibió una visita secreta.
Un mensaje.
Una promesa.
Y lo que ocurrió después… cambiaría la memoria de ambos países para siempre.
¿Quién fue ese visitante?
¿Qué les ofrecieron a cambio de salvar su vida?
¿Y por qué algunos nombres desaparecieron de los registros oficiales?
¿Que pasó después…?