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Noticia publicada a
las 01:40 am 13/02/26
Por: Enrique Núñez.
La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada considera que ocultar información es mejor para salvaguardar la imagen de la capital.
Como si viviera debajo de las piedras o en un planeta diferente, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, apuesta por un estilo de comunicación que simplemente ha caducado.
Sus errores frente a los medios han sido constantes, sin embargo, hay dos casos recientes que muestran la intransigencia, la falta de tolerancia y su necesidad de imponer una narrativa que oculte la realidad.
Todo comenzó cuando solicitó a los medios de comunicación que ya no publicaran la “nota roja”, es decir, la información relacionada con la inseguridad.
En su alegato, Brugada explicó que la imagen de la capital del país se ve muy lacerada por los reportes de los crímenes que a diario suceden. Añadió que en breve, miles de turistas arribarán a la Ciudad de México por los partidos mundialistas y que para evitar que los visitantes tengan miedo, simplemente habría que dejar de informar sobre los asaltos, homicidios, feminicidios, desapariciones o cualquier otra cosa que pueda inquietar y ahuyentar a los extranjeros.
Como era de esperarse esa mordaza le costó caro y Clara Brugada tuvo que salir a decir que las palabras que están grabadas en audio y video no eran lo que había dicho.
Aún no terminaban los remanentes de este intento de censura cuando volvió a la carga. En plena conferencia de prensa, para informar sobre el avance de los contagios de sarampión en la capital del país, la Jefa de Gobierno interrumpió a su secretaria y advirtió a los reporteros para que no enfocaran la nota en las alcaldías, como la Gustavo Madero, que son las que concentran los casos activos.
Incluso pidió ser responsables con la información, como si ocultar los sitios en donde se concentran los contagios fuera lo más sensato.
Clara Brugada no ha entendido que, si su administración mejorara los índices de inseguridad y lograra contener los brotes de sarampión, los temas simplemente no estarían en las primeras planas de los diarios. Si las notas continúan entre lo más leído y consultado es precisamente porque los capitalinos están preocupados ante la falta de seguridad y salud.
Los anuncios de brigadas de vacunación en distintas estaciones del metro han dejado a cientos de capitalinos esperando, porque no logran cumplir ni con el calendario que la misma administración capitalina comparte.
El caso de Brugada no es exclusivo. Ya hemos visto que el exceso y la concentración de poder ha generado que más de un Ejecutivo caiga en la tentación de censurar a la prensa.
En el sur del país tenemos a Layda Sansores, quien ha llegado al extremo de bajar páginas e incluso colocarle “revisores” a periodistas que le incomodan.
Estos dos ejemplos morenistas, por desgracia, no son los únicos en el país. A las agresiones contra periodistas, ahora se suma el intento de dictar una sola línea con “otros datos”.
Ni más ni menos