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Noticia publicada a
las 01:57 am 07/02/26
Por: Ricardo Pascoe Pierce.
Fue un acto de arrogancia y de supuesta táctica política el que Claudia Sheinbaum no asistiera a la reunión en Davos, Suiza, la semana pasada
El mundo está convulso. Es una observación casi elemental, pero se tenía que decir. A partir de lo elemental hay que construir el andamiaje de las relaciones complejas y cada vez más interrelacionadas entre lo que ocurre en México y lo que acontece en el mundo exterior.
Si no se logra esa conexión, entonces los errores de cálculo vendrán, uno tras otro, en la gestión política y en las políticas públicas.
Fue un acto de arrogancia y de supuesta táctica política el que Claudia Sheinbaum no asistiera a la reunión en Davos, Suiza, la semana pasada. Pero ahora es más que evidente que debió haber asistido. No porque tuviera que lanzar un discurso histórico, como Mark Carney, el Primer Ministro de Canadá. Lo importante era estar en un foro donde las acciones, reacciones y perspectivas de lo que viene se tenían que sentir, escuchar y vibrar.
No es lo mismo el reportaje periodístico que haberlo vivido en primera persona. Sí habló la secretaría de Medio Ambiente de México, pero simplemente fue incidental e irrelevante su presencia y su ponencia. El tema no era el medioambiente; la representación mexicana pasó de noche en el evento.
Era importante que Sheinbaum hubiera escuchado, de viva voz, a los diversos representantes del gabinete de Trump mal hablar e insultar a Europa y sus dirigentes, y de Mark Carney y Canadá, haciendo escarnio de su supuesta debilidad porque quieren hacer las cosas por consensos, en vez de hacer las cosas estilo Trump: por imposición de la fuerza del más fuerte. Incluso, hubiera escuchado directamente y en la sala, al discurso de Trump, quien, en algún otro momento, acertó en decir que pronto habrán “botas” americanas en México.
Incluso, era importante que Sheinbaum pudiera forjar su propia opinión acerca de cómo México debería llevar su propia negociación con Estados Unidos ante la proximidad de pláticas sobre el T-MEC. Podría haber observado ese evento donde Trump crea un Consejo de Gobierno con alrededor de 20 gobernantes, donde incluso pretende sustituir a la ONU y ser él el líder vitalicio del Consejo, por autodesignación.
La reunión en Davos fue alucinante y profundamente reveladora de las dinámicas mundiales. Y fue una lección sobre el ejercicio del poder duro y frontal que ejerce Estados Unidos. Hay por lo menos una conclusión que México debería empezar a asimilar desde ahora: la negociación del T-MEC va a ser un ejercicio de imposición y exigencias estadounidenses desde el arranque formal del proceso.
Si nos atenemos a lo que dice el US National Strategy (el documento que describe la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, recién publicado por Trump), su lema central es lograr la paz a través de la fuerza. Después de esa premisa, define a los adversarios centrales de Estados Unidos: China, Rusia, Irán y Corea del Norte.
Aparte de plantear su estrategia ante cada uno de esos adversarios, define al Hemisferio del Oeste (De Canadá hasta la Patagonia, incluyendo a Groenlandia) como la esfera de control estratégico de Estados Unidos. Hablan del narcoterrorismo y la necesidad de controlar bases vitales en la zona: el Canal de Panamá, Groenlandia, y, por inferencia, toda la Cuenca del Caribe, de Venezuela hasta Cuba y México. Expresamente afirma que el control de la zona debe darse a partir de la fuerza militar de los Estados Unidos.
Dos amenazas salen de Washington después de la reunión en Davos. La primera, se ha reafirmado que ningún país debe enviar petróleo a Cuba. Fue la advertencia de Trump cuando dijo que ya no llegará un gota de petróleo venezolano a Cuba. Y ahora agrega: de ningún país. Obviamente es una señal a Sheinbaum de que sus barcos petroleros podrían ser confiscados.
México, se dice, ya está evaluando la conveniencia de seguir enviando petróleo a Cuba. Trump dice que está contemplando imponer un bloqueo naval total a la isla. Obviamente de suceder ese bloqueo, la intención sería provocar una revuelta interna para derrocar al régimen, o que el gobierno cubano le proponga a Trump una salida negociada, que implicaría cambios en el gobierno de ese país.
El colapso del régimen cubano colocaría a México en una situación de aislamiento total en la región. Con los cambios políticos en Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Honduras, México y Brasil dejan de representar una oposición progresista viable y viven enclaustrados en el aislamiento, cada uno enfrentado a Washington. Brasil tiene una diplomacia internacional muy robusta. Buscará aliados en China y Asia. Pero están muy lejos del hemisferio donde tiene asiento Brasil. Y México está en el ánimo de complacer a Washington con la aplicación de aranceles a China.
Y ahora México evalúa la conveniencia de dejar de enviar petróleo a Cuba, después de la amenaza de un bloqueo naval de la isla.
La segunda amenaza que salió de la Casa Blanca y del Pentágono es que advierte realizar “acciones unilaterales” si los países no cumplen con su parte de enfrentar a los narcoterroristas. Obviamente es una referencia a varios países, entre ellos México. El mensaje viene después de Davos y después de que México entregó otra remesa de 36 narcotraficantes que estaban en cárceles mexicanas, pero que seguían plácidamente con sus negocios a pesar de estar encarcelados.
Es posible concluir que las cárceles mexicanas son como una experiencia Montessori: todos hacen lo que les nazca. Esa última ofrenda de seres vivos a Washington evidentemente no satisfizo a las autoridades de ese país.
Como se sabe, la demanda central que Washington le hace a México es que entregue a los políticos que están detrás de los cárteles y que se les permitió actuar con plena libertad durante todo el sexenio de López Obrador.
Está última amenaza prende alarmas en todo el oficialismo de Morena y coloca a la presidenta en una encrucijada. Si no decide actuar ahora, ella puede estar segura que otros actuarán en el vacío que ella deja. Y perderá su reputación de honesta e incorruptible.
POR RICARDO PASCOE PIERCE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep