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La revolución francesa
Noticia publicada a
las 01:02 am 04/02/26
Por: IVANA VON RETTEG NOLAN.
En 1789, la revolución francesa derribó la monarquía, proclamó derechos ciudadanos y redefinió la política moderna europea.
Revuelta política, una crisis económica mal gestionada, y, ante todo, una fractura moral: la revolución francesa fue el instante en que una sociedad dejó de creer en el derecho divino, en la jerarquía heredada y en la paciencia como virtud cívica.
En 1789, Francia era un país brillante por fuera y podrido por dentro. La corte de Versalles vivía rodeada de lujos; mientras el pueblo cargaba con impuestos, hambre y humillación. El nombre de Luis XVI desgastó a su gente, y eventualmente, la enfureció lo suficiente.
La convocatoria de los Estados Generales, pensada como una salida técnica a la crisis fiscal, terminó convirtiéndose en el acto inaugural de una revolución que nadie pudo detener. El gesto aparentemente administrativo de reunirse para hablar de impuestos derivó en una declaración radical: el pueblo no pediría reformas; exigiría soberanía. El 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla selló simbólicamente el inicio del fin. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamó principios que aún hoy sostienen a las democracias modernas: libertad, igualdad ante la ley, soberanía popular. Sin embargo, esos mismos principios convivieron con uno de los periodos más oscuros de la política moderna. Figuras como Maximilien Robespierre encarnan esa paradoja. Virtuoso en el discurso, implacable en la acción, Robespierre creyó que la virtud debía imponerse por la fuerza. Bajo su lógica, la guillotina era casi un instrumento de purificación moral.
La reina María Antonieta terminó pagando no solo por sus excesos reales o imaginados, sino por todo un sistema que necesitaba culpables visibles. La revolución francesa introdujo la noción moderna de ciudadanía, de derechos universales, de nación como cuerpo político y no como propiedad del monarca.
El ascenso posterior de Napoleón Bonaparte lo confirma. Puede que las revoluciones nazcan de la injusticia, pero no garantizan la virtud. Derriban estructuras, pero no siempre construyen humanidad. Cada vez que hablamos de derechos, de igualdad, de soberanía popular, estamos dialogando con 1789.
IVANA VON RETTEG NOLAN
COLABORADORA
@IVANAVONRETTEG