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Arquitectura moral
Noticia publicada a
las 02:51 am 01/02/26
Por: Redacción.
Lejos de ser alegorías vacías, se ajustan a ideas matemáticas, y sus emblemas —aparentemente sencillos— contienen principios de extraordinaria profundidad.
Contamos con tres instrumentos primordiales:
– La Escuadra, que forma el ángulo recto;
– El Nivel, que determina la horizontal;
– La Plomada, que fija la perpendicular.
En la cantera operativa, el arquitecto declara que «todas las partes del templo son probadas por estos tres emblemas», porque garantizan precisión,
orden y coherencia en la obra material.
En el Oficio especulativo sucede lo mismo: los métodos de comunicación, las enseñanzas y las costumbres del Arte están sujetos a pruebas semejantes, y aquello que no se ajusta a sus principios carece de autenticidad.
Por esta razón, los primeros instrumentos del caballete se convierten en los más importantes del Aprendiz, no solo por su valor técnico, sino porque enseñan que la arquitectura del carácter exige:
– Rectitud de intención (Escuadra),
– Igualdad en el trato (Nivel), y
– Verticalidad moral (Plomada).
Sin esta arquitectura interior, los símbolos quedarían vacíos.
Pero la ciencia masónica no se limita a la razón matemática: incluye también la simpatía moral. Porque cuando dos masones que han conocido necesidades, pruebas y victorias semejantes se encuentran, se reconocen como obreros del mismo templo. Es entonces cuando, como señala la literatura del Arte,
«un alma brota hacia la otra», las reservas caen, y nace la confianza fraterna.
En consecuencia, la Masonería se funda en dos columnas inseparables:
la razón que ilumina y la fraternidad que une. Donde ambas se encuentran, la masonería florece.