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El mercado laboral desnuda los problemas de la economía mexicana
Noticia publicada a
las 02:52 am 31/01/26
Por: Darío Celis.
Enero suele ser un mes difícil para los negocios. Pero el de 2026 no es sólo incómodo, es un mensajero.
A dos semanas de iniciado el año, el mensaje que dejan los datos son difíciles de ignorar, pues el principal reto para las empresas mexicanas no es crecer, sino resistir en un entorno de costos estructuralmente elevados,
consumo contenido y una economía que avanza con extrema fragilidad.
La narrativa de la “cuesta de enero” ya no explica lo que ocurre. El problema es más profundo y endémico.
Viene gestándose desde 2024 y terminó de consolidarse en 2025, la inflación persistente, incrementos fiscales concentrados en productos de alta rotación, aumentos salariales que presionan costos y un consumidor cada vez más defensivo.
A este entorno se suma un factor clave que suele pasar desapercibido por la gente, y es la debilidad real del mercado laboral formal.
Las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, que dirige Zoé Robledo, a primera vista parecen positivas. En 2025 el empleo formal creció 1.3% anual, equivalente a 213 mil trabajadores más.
Sin embargo, el dato es engañoso. De ese total, 206 mil corresponden a la incorporación de trabajadores de plataformas digitales que superaron el umbral de ingreso neto mensual. Es un avance relevante en términos de formalización y acceso a seguridad social, pero no implica creación de nuevas plazas.
Al descontar este efecto, el crecimiento real del empleo formal se reduce a apenas 0.3% anual, lo que equivale a sólo 72 mil nuevos puestos de trabajo. Es el peor desempeño desde 2010, excluyendo 2020 por la pandemia. En otras palabras, la economía mexicana prácticamente dejó de generar empleo formal en 2025.
Este estancamiento laboral está directamente ligado al desplome de la inversión. La formación bruta de capital fijo continúa en terreno negativo, con una caída anual de 5.8%, mientras que la inversión en maquinaria y equipo, esa que define productividad y crecimiento futuro, se contrajo más de 10 por ciento.
La confianza empresarial acompaña el diagnóstico: el indicador de “momento adecuado para invertir” se mantiene muy por debajo del umbral de optimismo, acumulando más de una década en terreno pesimista.
La destrucción de empleo en sectores clave confirma el deterioro. La manufactura cerró 2025 con una caída anual de 2.1% en empleo; la construcción arrastra más de un año en contracción; y el sector agropecuario atraviesa una crisis estructural prolongada.
Incluso los servicios, tradicionalmente resilientes, muestran una desaceleración clara. Sólo comercio y actividades vinculadas a plataformas digitales ofrecen un alivio parcial, aunque más estadístico que productivo.
El impacto final llega a los hogares. Con una creación de empleo tan limitada, la masa salarial crece cada vez menos y el ingreso disponible pierde fuerza.
Así, el consumo se mantiene bajo presión y las empresas enfrentan un círculo vicioso: bajos ingresos, poca inversión, escaso empleo y menor demanda.
Enero de 2026 no define el destino del año, pero sí expone el problema de fondo. México no enfrenta una crisis abrupta, sino algo más complejo, el estancamiento silencioso, donde resistir ya no es una estrategia emocional, sino una necesidad económica.