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Camisas Rojas...
Noticia publicada a
las 01:01 am 02/01/26
Por: Redacción.
Un día como hoy 30 de diciembre, pero del año de 1934. Recordamos un hecho ocurrido en la fecha mencionada: setenta y cinco anticlericalistas, conocidos como Camisas Rojas, tirotearon a quienes salían de misa en la iglesia de San Juan Bautista, en Coyoacán, D.F.
Según Vasconcelos, la historia es la siguiente: Plutarco Elías Calles, “el Máximo”,
había alcanzado la plenitud del poder; hacía y deshacía presidentes. Al escoger al general Lázaro Cárdenas, cuyo único mérito era la lealtad al Máximo, toda la maquinaria oficial se puso en acción. La intervención directa de las logias masónicas fue un rasgo singular de esta campaña política.
Un punto principal del programa de Cárdenas era: “Lealtad sin reservas al Máximo”. Calles llegó a decir:
“Más que mis propios hijos, mis hijos de sangre, es mi hijo Lázaro Cárdenas por el espíritu”.
Por su parte, Cárdenas llamaba a Calles: “Padre y maestro”. Esto selló su elección.
La demagogia provocaba huelgas, multiplicaba ejidos y ensayaba la colectivización importada de Rusia por Vicente Lombardo Toledano, lo que sirvió para arrebatar a Morones la dirección del sindicalismo obrero gubernamental. Pronto, el programa social cardenista derivó hacia el comunismo, aunque solo de nombre, pues él y sus colaboradores empezaron a adquirir fincas valiosísimas. Entre ellos, Tomás Garrido Canabal, exgobernador de Tabasco y entonces secretario de Agricultura.
El bolchevismo agrícola se desarrolló pronto a costa de los algodoneros de La Laguna y los henequeneros de Yucatán. El propio Cárdenas ocupó los púlpitos de las iglesias del Bajío para recitar sermones anticlericales. Garrido Canabal causó escándalo nacional cuando, aplicando los métodos que había seguido en su provincia, mató a balazos a varios católicos que salían de misa un domingo 30 de diciembre de 1934. Este ataque a mansalva fue el estreno de unas guardias dependientes de la Secretaría de Agricultura, llamadas Camisas Rojas, que se dedicaron a cerrar iglesias y quemar santos por todo el territorio nacional, especialmente en la tierra del maestro de Cárdenas: el estado de Sonora. El propio hijo de Calles fue jefe de las Camisas Rojas.
Un historiador norteamericano, el Dr. Stephen Godspeed, divide el periodo cardenista en dos etapas:
Primera etapa: continuación del pelelismo, subordinada a la voluntad del Máximo.
Segunda etapa: propiamente cardenista, en la cual buscó la pacificación en materia religiosa.
Uno se pregunta: ¿a qué se debió el cambio súbito que terminó con el pelelismo, expulsó a Calles y a Garrido Canabal, y dio origen a una política religiosa que pasó de la intransigencia sanguinaria a la tolerancia civilizada?
La respuesta es simple: Estados Unidos cambió su antigua política de sostener en Hispanoamérica al hombre fuerte, al caudillo inhumano pero eficaz. Se preparaban para la Segunda Guerra Mundial y la situación de intranquilidad en México les causaba irritación. Cuando el embajador estadounidense Josephus Daniels visitó al presidente Cárdenas, le manifestó la mala impresión que le causó ver todas las iglesias cerradas al desembarcar en Veracruz:
“Esto, señor presidente, causa muy mal efecto a los extranjeros que pasan por el puerto. ¿No cree usted que ya es tiempo de dar por terminado este conflicto religioso, entregando las iglesias a los sacerdotes y abriéndolas al culto?”
A los ocho días se abrieron los templos en todo el país, con beneplácito de la población, que empezó a alabar el espíritu tolerante de Cárdenas.
Las Camisas Rojas, fundadas por Tomás Garrido Canabal, tomaron su nombre del uniforme: camisas rojas, pantalones negros y boinas rojas. Estaban formadas por hombres y mujeres de entre 15 y 30 años, con formación ideológica socialista, muy parecida al estalinismo.
Como se mencionó, la mañana del domingo 30 de diciembre de 1934, las Camisas Rojas se colocaron frente a la parroquia de San Juan Bautista, en la delegación Coyoacán, y cuando los fieles salían de la misa de las 10, dispararon sobre ellos al grito de “¡Viva la Revolución!”.
El suceso dejó cinco muertos y numerosos heridos. Fallecieron por las balas:
María de la Luz Cirenia Camacho González
J. Inés Mendoza
Ángel Calderón
Inocencio Ramírez
Andrés Velázquez