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José Woldenberg dice que existe la necesidad de un mayor profesionalismo, de una mayor objetividad y compromiso con los valores y las prácticas democráticas. Menos nota roja, menos estridencia y sensacionalismo, ordenar y priorizar las noticias. Explica que, «Si partimos de la idea de que no hay política que no transite por los medios y que, de una u otra manera, los medios modulan la política, la conclusión es que el poder de los medios es muy grande».
Jesús Silva-Herzog Márquez piensa que, gracias a la apertura de los medios, se han reducido los espacios para la corrupción, pero señala que el Estado mexicano, sin tener atribuciones de castigo o premio, tiene la obligación de establecer límites que dejen a salvo los derechos de quienes resulten afectados por los medios. «El México de hoy no se reconoce en los periódicos de hace 15 ó 20 años, ni en sus programas de televisión ni en sus emisiones radiofónicas». Son más independientes, ejercen la crítica con mayor libertad, no domina el espacio una sola voz y toca temas que durante muchos años fueron tabú.
Muñoz Ledo, por su parte, opina que en toda América Latina se percibe a los medios como un poder fáctico, sin contrapesos. Los medios electrónicos tienen una influencia definitiva en la formación de la opinión pública. Asegura que la influencia creciente de la radio y la televisión comienza con la transición, después de la cual ha jugado un nuevo papel.
Fátima Fernández Christlieb, por su parte, afirma que hoy no se gobierna ni se ganan elecciones sin los medios, como parte de un fenómeno mundial. Ellos deciden quién existe y quién no. La acreditada analista expresa que «todo poder necesita un contrapoder, de lo contrario ese poder se convierte en autoritario». Cita nombres de estudiosos como Sartori, Popper, Luhmann, Bourdieu.
José Carreño Carlón dice que actualmente «los políticos necesitan más de los medios que los medios de los políticos». Antes de la transición «teníamos un poder político cohesionado, fuerte,… frente a medios fragmentados que competían por las relaciones con el poder público. [Hoy] tenemos una inversión». Sugiere una función que debieran cumplir: «contribuir a la elevación del debate público, darle más ideas, menos incendio, menos controversia, a veces generada como negocio».
Raúl Trejo Delarbre dice que los medios siempre han sido un poder, en todos lados, antes que lo dijera la prensa norteamericana. «La excesiva concentración de medios, la debilidad del Estado y una clase política volcada hacia la esfera mediática, son algunos de los diversos factores, estima el especialista, que han generado una mediocrasia mexicana de nefastas consecuencias para la ciudadanía», resume la entrevistadora, María Elena Cantú.
Dos consideraciones más de José Woldenberg: «… en las elecciones de 1994 y 2000, se percibe que hubo una apertura para bien de los propios medios: reprodujeron la pluralidad política de una manera más equilibrada y más profesional. Creo que los medios lo hicieron por necesidad, para mantener su credibilidad, pero resultó virtuoso». Luego asevera: «No existe institución poderosa que no deba ser reglamentada, que no deba ser regulada, y eso incluye a los medios». (“Medios & Poder”, Editorial Norma, 2005).
En el rubro de las ganancias, la radio y principalmente la televisión, obtienen muy buenos dividendos económicos. Pero le deben a la Nación, al gobierno que los apoya y a la sociedad que elige y sostiene a esos gobiernos que los apoyan, más cultura para la democracia en sus espacios, promoción de valores como el diálogo, la convivencia, la pluralidad, el respeto a las ideas y el trabajo para el bien común.
gilnieto2011@hotmail.com
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