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Noticia publicada a
las 12:44 am 09/04/12
Por: Martín Quitano Martínez.
mquitanom@hotmail.com
El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad.
Albert Einstein
Es que no hay a cual irle. Mientras el ejercicio político de las campañas de este 2012 pasa sin glorias, desangelado, la sociedad lo desdeña huyendo de sus responsabilidades, |
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bajo la idea superior de que todos son iguales, por más sonrientes que luzcan los políticos en campaña.
Y es que la brecha entre la clase política y la sociedad es tan amplia, que las historias compartidas les significan demasiados diferendos y desconfianzas, producto del acentuado y grotesco abandono de los acomodados políticos de siempre, provocando en amplios conjuntos sociales una urticaria digna de profundos tratamientos.
La mayoría de los viejos y jóvenes políticos que pasean sus palabrerías de siempre, son recibidos por sus clientes, los votantes, en un juego perverso de hipocresías compartidas; los candidatos quieren creer que nos convencen y los vecinos (generalmente los que los acompañan), hacen como que son cautivados por sus “propuestas”.
Las estrategias de comunicación que envían las candidaturas, no han servido para motivarnos, menos para conformar un escenario propicio para pensar que las cosas pueden ser diferentes al pasado inmediato. La presentación de caras impresentables, las denostaciones, la incapacidad, la falta de propuestas serias, el lugar común de discursos huecos, todo como marca indeleble de las pocas o mínimas condiciones para creer que algo nuevo puede suceder.
En todos los frentes partidarios la miseria de sus liderazgos apenas alcanza para fortalecer el imaginario de las incapacidades y la simulación, las impunidades y la corrupción, que han construido los derroteros de la política nacional, cartas de presentación en las convocatorias a los sufragios que se necesitan.
El actuar social también empobrecido, desangelado, con poca ciudadanía, que en medio de la crisis se requiere, dista mucho del que ahora se nos presenta, complicando las condiciones para presionar a los que nos gobiernan o los que desean hacerlo. La debilidad social, ciudadana, es efectivamente caldo de cultivo para procesar la continuidad de aquellos que se regodean en sus juegos de poder.
Con ello, los sentires no están del lado de las esperanzas, de imaginarios que alienten la creencia en que podemos superar con esta clase política realmente existente, los graves problemas que se padecen.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Pasar de la Atenas a la aterras veracruzana es una pena, pero se vuelve cada vez más una realidad.
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